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Horacio Rovelli

ARGENTINA: UNA VISION SOBRE LA CRISIS ECONOMICA INTERNACIONAL


por Horacio Rovelli

10 de marzo de 2009

La crisis financiera internacional cuyo epicentro es en los EEUU, se extiende en mayor o menor medida al resto de los países La economía norteamericana representa más de la quinta parte de los bienes y servicios que se producen en el mundo, con lo que es obvio que la crisis en esa Nación impacta en el precio de las acciones, de los títulos públicos y de las monedas, y a través de ello, en la economía real, donde se produce una desaceleración del nivel de actividad, no solo de los EEUU, sino por su peso y por la integración económico y financiera, en el resto del mundo.

Podemos dar como fecha de estallido de la crisis, julio de 2007, tras la quiebra de dos fondos de inversión del Banco Bear Stearns de los EEUU, a la que le sigue, un año más tarde, el cierre definitivo de ese banco, y con él el derrape de importantes entidades del sistema de ese país, entre ellos la Mutual y Caja de Ahorro WaMu (a ambas entidades las compró J.P.Morgan-Chase); Lehman Brother (quebró una parte y la otra la compró la entidad japonesa Nomura); Merrill Lynch (lo compró Bank Of América); Wachovia (En que se la diputaban dos bancos el Citibank y el Wells Fargo Bank y finalmente dicha entidad quebró parcialmente y la otra parte la compro el segundo de los bancos nombrados), sin olvidar que el Gobierno de George W. Busch tuvo que asistir a las dos grandes instituciones hipotecarias que tiene ese país (Freddy Mac y Fannie Mae), y también a la aseguradora AIG; para terminar con una ley de redescuentos y aportes del Tesoro de los EEUU por U$s 700.000 Millones (de los cuales unos U$s 250.000 Millones se destinan a la compra de acciones de nueve empresas de primera línea en dificultades, y otra suma igual para la compra de la cartera hipotecaria con problemas). Del mismo modo, debe tomarse el ofrecimiento de los gobiernos europeos de disponer de un billón de euros para rescatar los bancos locales (ampliación de garantías de los depósitos y recapitalización de entidades).

En los EEUU el plan de salvataje es continuado por la Administración Obama en el denominado “Programa Fiscal de Estímulo” de incremento de los gastos del Estado en el orden de los U$s 850.000 Millones (aproximadamente del 6% del PBI de los EEUU), para apuntalar la inversión y el consumo en los EEUU y que debería generar, según lo que el plan estima, 3.500.000 puestos de trabajo. Complementado con el denominado “Plan de Estabilidad Financiera”, que en un principio cuenta con unos U$s 838.000 Millones (otro 6% del PBI estadounidense), que consiste básicamente en la compra de la cartera tóxica de los bancos, más medidas de apoyo a los créditos hipotecarios para evitar su ejecución, e inyección de capital a las entidades en problemas.

La destrucción del capital ficticio como consecuencia de la crisis es inmensa, a lo que se le debe sumar que el valor de las viviendas se redujo en más de un 20% desde su pico, esto lleva que en muchos casos, es mayor el valor del crédito hipotecario que el valor de la vivienda hipotecada

Existe una fuerte interdependencia entre los mercados financieros internacionales, de allí que cuando la FED (Reserva Federal de los EEUU) inicia en mediados del año 2007 una política de reducción de la tasa de referencia (De 4,75 % TEA de junio del año 2007 a la tasa de 2,25% anual de marzo del año 2008, luego la vuelve a reducir al 1,5% anual del 07/10/2008, para ajustarla solo al 0,25 TEA para fin del año pasado) se produce en la primera fase (año 2008 hasta junio 2008) la depreciación de la moneda yanquee que llegó a valer U$s 1,6023 por un euro en junio de 2008.

Como no podía ser de otra manera, la depreciación de la moneda estadounidense también significó la fuerte suba del precio del petróleo y de las comodities[1], para que después dichos importes desciendan a medida que el dólar recuperaba su valor.

Es más, el impacto de la crisis financiera en la economía real se produce por el freno en las ventas y el incumplimiento en la cadena de pagos. Las limitaciones del crédito limitan las ventas en un país como los EEUU, en que el financiamiento bancario es muy importante, de manera tal que los préstamos representan más del 100% del PBI. No es lo mismo para la Argentina cuando el crédito solo representa el 11% de lo que producimos[2]

Los incumplimientos tienen un “efecto dominó” o “cascada”, que limita la recuperación de crédito de los bancos, quienes sufren a su vez la persistente pérdida de depósitos, por más que la FED trate de ayudarle, el daño es irreparable y se reproduce en la economía real por el freno de las actividades, la acumulación de stock, la suspensión o despido de personal, el “parate” de la producción, etc. etc.

En ese marco y con el objetivo expreso de frenar la crisis bancaria y bursátil, más el proceso recesivo que están sufriendo los países centrales, es que deciden una política gradual y persistente de reducción de la tasa de interés de referencia, liderada por los EEUU, de manera tal que en febrero 2009 es del 0,25% TEA.

Queda claro que el problema no se circunscribe a la mayor liquidez, dado que esta no se transforma en crédito y tampoco lo hace a tasas y demás condiciones de préstamo compatible. Y esto es así, entre otras razones, porque la dimensión de la crisis y la pésima situación de los bancos (que concedieron créditos que no pueden recuperar), hace que por más importante que sean los recursos que se ponen en juego, termine canalizándose mal, con lo que en definitiva es mucho el esfuerzo y pocos los resultados.

En un marco recesivo generalizado en los países centrales, no se avizora ni el fin del proceso ni el comienzo del despegue hacia un nuevo ciclo. Europa que tiene serios problemas de desocupación y disminución del nivel de actividad, mantiene la parida del euro con respecto al dólar (actualmente -04/03/2009- de U$s 1,2566 por euro, y a futuro diciembre/2009 se cambia a U$s 1,2584 por euro) que no logra compensar ni el déficit comercial estadounidense, ni las menores exportaciones previstas del viejo continente

Mientras no se convierta la liquidez en crédito y el crédito en financiar a la inversión y al consumo, persistirá la incertidumbre, la recesión y la crisis, que repetimos, lleva más de un año desde su exteriorización en julio de 2007 y no se puede prever que demore menos en que la economía real vuelva a crecer.

Merced a la magnitud y profundidad de la crisis financiera internacional que los EEUU logran a costa del resto del mundo, financiar su déficit fiscal y comercial[3], y esto es así por la persistente demanda de dólares (demanda de dinero como dinero del dólar americano) por la reserva de valor que se le confiere a esa moneda, de manera tal que la expansión de la base monetaria norteamericana fue U$s 231,5 Billones a principios de los 90, a U$s 1.182,5 Billones al 31/12/2008, lo que implicó un incremento de 410%, que, obviamente, no tuvo correlato con la expansión de la economía real .

Se debe observar, que es mayor la depreciación de la moneda europea que la diferencial de tasas de interés, hecho que habla de la volatilidad de la situación, máxime cuando la economía real nos dice que los persistentes déficit comercial de los EEUU se deben a diferencia de productividad entre ese país y los principales países de la CEE, Japón, China e India que son superavitarios en el intercambio con ese país.

Por lo tanto, en EEUU la tasa de interés es más baja y se aprecia la moneda norteamericana contradiciendo el razonamiento que el país que baja su tasa de interés deprecia el valor de su dinero y viceversa. Y ese razonamiento no se cumple fruto de la crisis financiera, y que el mundo en general (incluido China e India) y los europeos en particular, siguen adoptando al dólar como reserva de valor.

En El caso de los ciudadanos de los EEUU, adoptan su moneda y los títulos del Tesoro de su país, por lo que se da la paradoja que el retiro de fondos que hacen los depositantes de los bancos, los cubre parcialmente (dado que los retiros son mayores) el Tesoro de los EEUU con la colocación de títulos públicos en el mercado.

INTERRELACION ENTRE LA ECONOMÍA REAL Y LA MONETARIA

La recesión de los países centrales se extiende al resto del mundo, máxime si tenemos en cuenta que el PBI de los EEUU y de la CEE es más del 40% de los bienes y servicios que se producen en el planeta, y su participación en el comercio internacional supera el 55%. Los efectos de la crisis sobre los EEUU y los países centrales de Europa se demuestran cuando cerraron el cuarto trimestre del año 2008 con una caída del PBI en los EEUU del 1,6%, los países nórdicos con una contracción del 3,9%, Alemania del 2,1%, Inglaterra del 1,5% y Rusia con un descenso de su PBI del 8,8%.

La tasa de desocupación afecta al 7,6% de la población de la Unión Europea (más de 18 millones de personas) y en los EEUU supera al 9% de su PEA, agravándose desde noviembre de 2008 en que se destruyen 650.000 puestos por mes

La reducción de la demanda interna de los países centrales implica disminuir las importaciones, lo que genera menores ventas de Asia (Esencialmente Japón, China e India) que son sus principales vendedores. A su vez esos países demandan menos bienes y servicios, con lo que terminan resintiendo los precios de los comodities[4].

El desequilibrio externo de los Estados Unidos era financiado por los grandes exportadores a fin de mantener la tasa de expansión de sus ventas (y en el caso de China y otros países del Este de Asia, de evitar la valorización de su moneda).

Una menor tasa de crecimiento en el mediano plazo de los Estados Unidos y el aumento de su tasa de ahorro va a limitar ahora tanto su desequilibrio externo como el crecimiento de sus importaciones. Se trata de un escenario difícil para el Este de Asia, que puede ser notoriamente agravado por la aplicación de políticas más proteccionistas por parte de Estados Unidos.

En China la tasa de crecimiento cayó del 12% al 9% ene l año 2008, lo cual no es una caída excepcional, pero sus exportaciones han experimentado ya una fuerte desaceleración y ciertos observadores prevén un crecimiento, en 2009, de alrededor del 5%. El gobierno, sin embargo, ha bajado la tasa de interés, incrementó el crédito y ha anunciado un plan de inversiones de casi seiscientos billones de dólares (14% del PBI de ese país).

Las exportaciones chinas ascienden al 40% de su PBI. Por otra parte la expansión de la economía china se apoya en una tasa de ahorro del 50 %[5], con la cual alcanza un crecimiento del 10-11% anual. El gobierno estima que necesita un crecimiento mínimo del 7% para que no se produzcan graves desequilibrios en el mercado de trabajo y, por otra parte, la disminución de la brecha ciudad campo requiere que el estado se apropie de ahorros urbanos y los transfiera al agro. En estas condiciones es probable que se mantenga una alta tasa de inversión sin que se induzca una expansión del consumo de bienes industriales sofisticados suficiente para absorber la capacidad excedente que se va a crear en el sector exportador. La crisis gravitará por lo tanto, pesadamente sobre el crecimiento de su economía y ésta experimentará, probablemente, importantes cambios en su composición sectorial. Lo cual va a tener un significativo impacto sobre el resto de la periferia más allá de la actual crisis.

LATINO AMERICA, DE UNA ECONOMÍA EN CRECIMIENTO A UNA ECONOMIA EN RECESIÓN

Una caída del crecimiento chino y del conjunto de las economías del este de Asia, arrastrará a las economías que, como buena parte de la latinoamericanas, son fuertemente dependientes, directa o indirectamente, de su demanda de alimentos y materias primas y además generará una fuerte presión sobre las restantes economías periféricas exportadoras de manufacturas, que deberán enfrentar, en un contexto recesivo, una competencia asiática acrecentada, con el consiguiente descenso en los precios y los volúmenes exportados.

Por otra parte el rápido crecimiento de la economía mundial determinó, a partir de 2003, una elevación en los precios de los alimentos y las materias primas, aunque estos no superaron, hasta fines de 2007, en términos reales, el nivel de otros períodos de términos de intercambio favorables. A medida que se desinfló la burbuja inmobiliaria se creó una nueva burbuja resultante del desplazamiento de capitales especulativos a los mercados de futuro de bienes primarios, generándose un aumento de los precios entre septiembre de 2007 y junio de 2008 del 55%. Sin embargo, al complicarse la situación financiera estos capitales se retiraron, dando lugar, aún antes que la demanda experimentase cambios significativos, a una caída de precios que barrió con los aumentos experimentados durante 2008. Luego, la amenaza de recesión mundial produjo descensos suplementarios que sitúan estos precios, en noviembre de 2008, al nivel de julio de 2007.

Esto va a tener particular incidencia sobre América Latina. A partir de comienzos de los años noventa la región ha experimentado una fase (1990-1997), de crecimiento moderado del producto: 3,3% anual y otra (1998-2002) de virtual estancamiento (0,8% anual), iniciándose en 2003 una nueva fase expansiva en que la tasa de crecimiento ronda el 5% anual y es impulsada por la mejora en los términos del intercambio.

Este crecimiento marcadamente irregular se explica en buena medida por el hecho que, en la región, la expansión está asociada, dado el fuerte componente importado del consumo (individual y productivo) y de la inversión, a un desequilibrio creciente en el balance comercial que es agravado con el incremento de las remesas de utilidades y el pago de intereses.

A medida que avanza el desequilibrio y el consiguiente requerimiento de financiamiento externo, aumentan las dificultades para obtenerlo, las que pueden manifestarse más o menos rápido según la situación de los mercados internacionales de capitales y la importancia de las inversiones directas netas. Se impone entonces la adopción de medidas que afectan el nivel de actividad y de las importaciones hasta que la reversión de la situación externa posibilita una nueva aceleración en el crecimiento del producto.

Este efecto presentará diferencias significativas según los países y será de particular gravedad en México y América Central, dada su total dependencia del mercado norteamericano y el peso, en el nivel de ingresos de los sectores más desfavorecidos, de las remesas de los migrantes. Pero toda la región será afectada por la reducción del precio y el volumen de las exportaciones y las crecientes dificultades para financiar un déficit en cuenta corriente que sólo temporalmente podrá ser sostenido mediante la utilización de las reservas o el recurso a los organismos multilaterales de crédito.

El problema de la crisis financiera se acelera y agudiza por la integración que tiene a los mercados financieros y de capital internacional, principalmente Brasil, y en segundo lugar Chile. Con lo que las grandes entidades financieras que se cayeron una tras otras y aún las que están en pié, lo primero que hicieron, para hacerse de recursos, fue desprenderse de los títulos públicos y privados de los llamados, por ellos, países emergentes, entre ellos Brasil y Chile.

El derrape de los valores públicos y privado de esos países arrastró su moneda, de manera tal que en Brasil al 31/08/2008 se cambiaban 1,65 Reales por un dólar norteamericano, y el 10/10/2008 la relación llegó a ser 2,5 Reales por un dólar hasta que intervino el Banco Central de ese país, vendiendo más de U$s 2.200 Millones en un día, para llevarlo a 2,3 Reales por un dólar, significando una depreciación del 40% en dos meses.[6] En febrero de 2009 la relación es de 2,40 reales por un dólar. Las ventas de las Reservas Internacionales del Banco Central de Brasil continuaron, de manera tal que se estima que, a mediados de febrero de 2009, vendió más de U$s 30.000 Millones. Paralelamente la fuga de capitales multiplicó por tres veces y media esa suma. En el caso de Chile, el fenómeno a una escala proporcionalmente menor, es similar, por ende se produce una fuerte caída en el precio del cobre y demás comodities que exporta el país tras andino, provocando un freno en el nivel de actividad, con fuerte desocupación.

LA CRISIS FINANCIERA INTERNACIONAL Y SU IMPACTO EN NUESTRO PAIS

En la Argentina de los últimos años se ha ejecutado una política de apuntalamiento de sus productos industriales, ha logrado parcialmente sustituir importaciones y exportar productos industriales, aunque siguen siendo las manufacturas de origen agropecuario y los productos primarios sus principales exportaciones.

Debe apreciarse como impacta la crisis financiera en nuestro país, dado que la consistencia macroeconómica del modelo que se implementa desde 2003, se basa fundamentalmente en que se opera con superávit comercial y fiscal. A su vez, este último es suficiente para afrontar la totalidad de los intereses que la deuda pública devenga, más una franja para amortizar capital.

En cuanto al superávit comercial, merece destacarse que éste se obtuvo y se obtiene, por la sostenida demanda externa de nuestros productos, y no como en el pasado, que se alcanzaba ajustando la economía y reduciendo las importaciones, y que esa demanda es sostenida porque en crisis uno no puede dejar de comprar alimentos, máxime que particularmente China y los demás importadores también han sufrido los embates de la sequía.

En la actualidad, las importaciones han tenido una dinámica importante, atadas a un nivel de actividad creciente y a una elasticidad ingreso de nuestra economía que, como consecuencia de treinta años de desindustrialización, es relativamente alta. De todas maneras, es importante mencionar que los rubros importados que más crecieron en el período son Bienes de Capital, Bienes Intermedios y Piezas y Accesorios para Bienes de Capital y en menor medida Bienes de Consumo.

Por otra parte, en el pago de los servicios de la deuda tienen un rol relevante las retenciones (Derecho de Exportación), conformando para el año 2008 un total de U$s 10.072 millones, a lo que se le debe sumar unos U$s 2.466 Millones por aranceles de importación, lo que significa ingresos en divisas al erario público nacional fue de unos U$s 12.538 Millones, cifra que por un lado, garantiza la totalidad del pago de los intereses de la deuda del año 2008 (que se estima en U$s 6.100 Millones) permitiendo al Tesoro de la Nación no tener que ir a comprar divisas al mercado. El excedente (aproximadamente U$s 6.438 Millones) se destina a amortizar capital de la deuda (estimada en el presupuesto en U$s 1.200 Millones) y, con el resto se financian otros gastos presupuestarios, entre ellos la obra pública. Iguales perspectivas se mantienen para el corriente año 2009.

Finalmente y no es un tema menor, el bajo nivel de endeudamiento de la sociedad Argentina (el crédito es un 12% del PBI aproximadamente), combinado con la fuerte tenencia de Reservas Internacionales del BCRA (del orden de los U$s 47.000 Millones) garantizan mejores condiciones para enfrentar la crisis.


[1] El barril de petróleo crudo llegó a superar los U$s 145 y la soja los U$s 609 la tonelada entre fines de junio y principio de julio de 2008, para valer U$s 106 y U$s 434.- respectivamente al 8 de septiembre de 2008, a U$s 89,93 y U$s 341,35 al 6 de octubre de 2008, y a U$s 53,62 el petróleo y U$s 315.- la tonelada de soja, al 20/11/2008.

[2] Razón por la cual el aislamiento financiero internacional y la baja generación del crédito en nuestro país, fueron referencias positivas ante la crisis internacional.

[3] Para el corriente año 2008, el PBI de los EEUU se estima en unos 14 Trillones de dólares. El déficit Comercial es de U$s 700.000 Millones (5% del PBI) y su déficit fiscal de U$s 450.000 Millones (3,2%)

[4] Materias primas, productos que puede elaborar cualquier país sin mucha dotación de capital ni tecnología.

[5] Datos World Development Indicators, Banco Mundial

[6] Brasil con fecha 13/10/2008 reduce el encaje bancario liberando no menos de U$s 40.000 Millones para paliar los problemas de liquidez y solvencia que le plantea la fuga de capitales. Eso no quita que a lade petróleo


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