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Gérard Duménil

América Latina en la mundialización neoliberal

La posición ocupada por América Latina en la mundialización neoliberal es bastante particular. Su importancia deriva de numerosos factores, tanto económicos como políticos. Esta singularidad no resulta solamente de la comprensión de la historia reciente, sino del análisis de las oportunidades de cambio. Si existe una región en el mundo donde es posible coincibir un escenario de desestabilización del orden neoliberal, esa es América Latina.


por Gérard Duménil

1ro de diciembre de 2005

Entendemos por “neoliberalismo”, la nueva fase en la cual entró el capitalismo en la transición de los años 1970 y 1980. Aunque se trata de una transformación compleja, cabe señalar, a fines de 1979, la decisión de la Federal Reserve estadounidense, de elevar las tasas de interés no importa a qué nivel, como una exigencia pretendidamente obligatoria en la lucha contra la inflación (no importa cuales sean las consecuencias, principalmente para los países endeudados de la periferia). Si bien existe una ideologia neoliberal, el neoliberalismo es mucho mas que eso, es una fase del capitalismo en la cual las características de explotación de ese modo de producción, inclusive en su dimensión imperialista, alcanzó una nueva radicalización: disciplinamiento del trabajo y de su gestión a favor de los detentores de capitales (acreedores y accionistas); libre circulación de las mercancias y de los capitales, vale decir, globalización del terreno de caza del capital internacional. Si las sociedades multinacionales son los agentes de ese nuevo orden mundial, éste responde a las exigencias de las clases capitalistas, lo que llamamos de “finanza”, o sea, la fracción superior de los propietarios de capital y sus instituciones financieras. Si en un primer nivel, el poder de esos propietarios, muy alejados de las empresas, no hubiera podido afirmarse sin la intermediación de las instituciones financieras (bancos, banco central, fondos de todo tipo), él se ejerce, en un segundo nivel, a través del Estado.

Cuatro razones que explican el lugar central de América Latina en el mundo neoliberal:

1. La primer víctima del orden neoliberal

La mayor parte de los países del subcontinente se comprometieron en procesos de crecimento sostenidos, a pesar de las desigualdades. Esto comenzó antes de la Segunda Guerra mundial y continuó después. ¿Es necesario recordar que la renta per capita de Argentina, al final de la guerra, era del orden de la de Francia? Algunas grandes ciudades de América Latina, como Buenos Aires o Montevideo, son testimonios de ese pasado. El modelo de sustitución de importaciones condujo a elevadas tasas de crecimento, cerca del 6% en México, por ejemplo.

El contraste con las décadas neoliberales es chocante. Con poquísimas excepciones, las tasas de crecimento se derrumbaron luego de 1982. A esta desaceleración se agregó una peligrosa inestabilidad macroeconómica, quiere decir, la recurrencia de graves recesiones: de hecho, de crisis mayores (“tequila” en México, la crisis argentina, etc.). En este mundo de libre circulación de capitales, cualquier política macroeconómica se volvió imposible. Es cierto que la imposición de tasas elevadas de cambio permitió acabar con la inflación y que gritos de victoria acompañaron el restablecimiento del crecimiento en los años 1990. Pero esas trayectorias se revelaron insostenibles en el mediano plazo. Ese nuevo curso se vio además agravado por el proceso de desindustrialización o por la sustitución de una parte de la industria nacional, liquidada por una competencia insostenible, por la industria “maquiladora”, con sus características bien conocidas de extrema explotación y de ausencia de integración al tejido industrial nacional. A esto se suma la deuda externa, acumulada a fines de los años 1970 en un contexto donde las tasas de interés real eran nulas, pero que se volvió impagable cuando el alza de los intereses. Una segunda ola de endeudamiento acompaña la apertura financiera de los años 1990. Las obligaciones fundamentales del Estado en materia de reforma agraria, de educación, de salud, fueron sacrificadas frente a la sacrosanta obligación de hacerle frente a los compromisos con los acreedores, en detrimento de las obligaciones sociales mas elementales.

2. La nueva configuración imperial

Si el neoliberalismo tuvo como principal objetivo la restauración del poder y de las rentas de las clases capitalistas de los países del Centro, sobretodo de los Estados Unidos, ese objetivo no hubiera sido alcanzado sin la colaboración de las clases dominantes de los países de la periferia. Una vez más, América Latina, si bien en diferente grado según los países, es una figura emblemática de tal configuración. Las tasas de cambio elevadas y la convertibilidad permitieron a las clases ricas de esos países poner sus capitales en los países del Centro, en los Estados Unidos en primer lugar: la famosa fuga de capitales. Se puede observar que los rendimientos financieros (principalmente dividendos e intereses) provenientes del resto del mundo, destinados a América Latina, aumentaron fuertemente a lo largo de los años 1990. En Argentina, a fines de la década, éstos representaban la mitad de los flujos de la misma naturaleza para el exterior, a pesar de que éstos últimos incluían los intereses de la deuda. En Uruguay, los dos flujos fueron iguales a inícios del 2000. De esa forma, las burguesías de los diferentes países estan directamente insertas en ese circuito de explotación internacional. Indirectamente, ellas se benefician del costo de la deuda, que impone tantas restricciones a sus proprios países.

Por otro lado, por su comportamiento rentista (con excepción de algunas multinacionales), esas clases contribuyen al financiamiento de la economia estadounidense, donde la inversión pudo restabelecerse en los años 1990, a pesar de la caída de su ahorro interno, gracias a esa contribuición internacional. En este mecanismo, América Latina ocupa el segundo lugar, quedando detrás de Europa. En ningún otro lugar, con la excepción posible de los países productores de petróleo, la integración de las clases dominantes de cada país en el seno del gran sistema del imperialismo alcanzó este grado, aunque en una posición subalterna. Sin lugar a dudas, en ningún otro lugar el cuestionamiento de ese orden imperial neoliberal tendrá las mismas consecuencias.

3. Una apuesta central dentro de la hegemonía estadounidense

El imperialismo es una característica estructural permanente del capitalismo desde sus orígenes. Su forma se modifica continuamente con las propias transformaciones del capitalismo. El sistema imperialista debe ser entendido como una pirámide donde el mas avanzado explota al menos avanzado, utilizando la violencia económica “simple”, particularmente la apertura de las fronteras comerciales entre países con niveles de desarrollo muy desiguales, u otros métodos tradicionales de violencia directa: corrupción, subversión y guerra.

Una característica de la fase actual del imperialismo es la existencia de una potencia hegemónica indiscutible: los Estados Unidos. Esta fase se diferencia profundamente de la “belle époque” del imperialismo, aquella de principios del siglo XX, donde se confrontaron los imperialismos francés, aleman, inglés, etc.

Lo que los Estados Unidos temen más es la disolución de esta configuración en un mundo multipolar, como el que parecía afirmarse a fines de los años 1970. Se hablaba en esa época de “tríada”: Estados Unidos, Europa y Japón. El potencial de este último país diminuyó debido a la crisis en que se hundió luego de su entrada en el orden neoliberal (el desmantelamiento del modelo anterior, tan eficaz).

Se constituyó un eje atlántico que confiere a Europa una posición subordinada. La integración de China en la economia mundial, en sus modalidades actuales, vale decir, fuera del marco neoliberal (con un control radical de su comercio y del cambio), podría constituir una amenaza, de ahí la importancia de la obtención de la entrada de ese país en el orden neoliberal (bien adelantado ya con la inserción en la Organización Mundial del Comercio). Esta transformación capitalista neoliberal de China se centra en las tasas de crecimiento de ese país y lo integraría en lo que llamé más arriba al “terreno de caza del capital internacional”.

El ablandamiento de la influencia de los Estados Unidos sobre a América Latina pondría en peligro a la hegemonía estadounidense, y este peligro aumentaría aún más si esa autonomía fuera acompañada por el establecimiento de lazos privilegiados entre América Latina, Europa y Ásia. Todo se mantiene, y América Latina permanece como el “patio trasero” del gigante estadounidense. Barrer primero su casa, frente a su puerta y después su patio!

4. El peso de la historia

Un último aspecto de esta posición central de América Latina en la mundialización neoliberal se refiere a su tradición de lucha y a las experiencias que ella protagonizó. Esta región del mundo fue marcada por el desencadenamiento de luchas sociales radicales, donde las resistencias anti-imperialistas y anti-capitalistas alcanzaron niveles de desarrollo extraordinarios. El hecho de que la barbarie de las dictaduras finalmente haya triunfado solo pone de relieve la amplitud de la amenaza que las clases dominantes y el imperialismo tuvieron que enfrentar en esta región del mundo: guerrillas, luchas urbanas, etc. A esto se suman los combates de los pueblo autóctonos, aculturados y espoliados de sus tierras.
Sean cuales sean las decepciones, parece que los votos en favor de gobiernos de izquerda y las luchas por todo el continente (en Argentina durante la crisis, en Chiapas, en Bolívia, etc.) atestiguan que la lucha de las clases dominadas puede sufrir derrotas, pero continuará siendo imposible vencerlas en un mundo de opresión. América Latina es la vanguardia de este frente de resistencia. Evidentemente los riesgos son enormes.

¿Donde y cómo comenzar? ¿Cuáles caminos? Una presión popular marcando los límites de lo insoportable; una dosis de nacionalismo del lado de las clases dominantes, si aún existen o donde aún existan; mucho de solidaridad continental; el rechazo a los tratados llamados “de libre comercio”; control del cambio frente a las amenazas evidentes de nuevas crisis, que luego de los desequilibrios de los años 1990 se acumularon nuevamente en los años 2000; el congelamiento gradual de la deuda, de todas formas impagable; etc. Un recorrido complejo, tal vez la única salida dentro de un mundo paralizado por la derrota de los pueblos.

Gérard Duménil
Economista, investigador del Centre National de la Recherche Scientifique, Université de París X-Nanterre, miembro de ATTAC. Francia.


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