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Graciela Rodríguez

Brasil y los “buitres”: entre las concesiones o la ampliación democrática


por Graciela Rodríguez

22 de agosto de 2014

Brasil y los “buitres”: entre las concesiones o la ampliación democrática.

Graciela Rodríguez

No sorprende que la prensa brasilera haya tocado el tema de los fondos buitre buscando alejarse del país vecino para no poner en juego su propia salud financiera, y de paso criticar una vez más al gobierno de Cristina Fernández con los ya conocidos epítetos de populista, oportunista, y otros.

En los últimos años, Brasil no impulsó nada semejante a una estrategia de enfrentamiento del poder mediático, que de este modo continúa dominado por los grandes medios masivos de prensa e televisión - O Globo, el Estado y la Folha de São Paulo, entre otros. A diferencia de la Ley de Medios aprobada en Argentina, el Brasil continúa con una política de comunicación diseñada durante la dictadura militar de los años 60-70 que permitió a estos grupos controlar la prensa escrita y la radio y televisión en gran escala, además de amasar fortunas gigantescas y poder político asociado a varios de los coroneles que aun dominan la política regional brasilera.

Pero volviendo a Argentina, en los últimos días, dos noticias de enorme importancia han dominado los medios de comunicación. En apariencia son dos noticias que tienen poco en común. La primera, una noticia negativa, referida a la sentencia judicial emitida en una corte de EUA favoreciendo el cobro con súper ganancias de bonos de la deuda externa argentina compradas por fondos especulativos, los llamados “fondos buitres”. La otra, una noticia emocionante y marcada por un profundo simbolismo, la presentación del nieto número 144 a la comisión de reconocimiento de identidad de los hijos de presos políticos desaparecidos durante la última dictadura militar.

Ambas noticias son mucho más próximas que lo imaginado, no sólo porque las dos tienen su inicio en el mismo dramático periodo histórico dictatorial vivido por Argentina, como también porque ambas nacieron de la misma matriz antidemocrática y ligada a los intereses del capitalismo financiero internacional y también nacional, fuertemente centralizado históricamente en el latifundio y la oligarquía pampeana, y hoy grupos económicos privilegiados que viene cobrando un alto y trágico precio al país. Es necesario recordar que la actual embestida de los fondos buitres tiene su trasfondo en el endeudamiento externo y las decisiones políticas liberalizantes asumidas en Argentina primero por la dictadura militar instalada en 1976 y posteriormente por los gobiernos de Menem y De La Rua, imbricados con el neoliberalismo que comenzó a tornarse hegemónico a partir de la década de 70.

El reencuentro de la presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo con su nieto después de 36 años de una búsqueda incesante entre los más de 400 bebés que nacieron en plena dictadura y que fueron entregados en adopción por los asesinos y torturadores de sus padres, nos muestra en toda su proyección la brutalidad de un proyecto económico pero también cultural e ideológico, impuesto a sangre y fuego, en suma, al precio de 30 mil desaparecidos, miles de exilados, de familias desestructuradas y del miedo creado para controlar una generación entera de ciudadanos. Así, Argentina se ha convertido en uno de los países más perseguidos por la saña y voracidad del capital internacional y los intereses del capitalismo financiero que busca situaciones que sirvan de ejemplo disciplinador.

En esos mismos años Brasil fue fortaleciendo una perspectiva basada en principios de soberanía nacional y autodeterminación, inicialmente con una dictadura militar represiva y con una lenta transición posterior hacia gobiernos democráticos, aunque ceñidos al modelo parlamentarista diseñado por la dictadura. Contrariamente a Argentina, país con fuerte concentración del poder político y de la riqueza en torno a Bs As, controlado por una elite con fuertes lazos con el mercado financiero internacional, que en la década de 90 irá desindustrializar y concentrar aun más poder y riquezas; en Brasil será una elite con poderes económicos y políticos mucho más diversificados regionalmente, la que irá expandir la producción agrícola e industrial para un vasto mercado nacional y también para la exportación fundamentalmente de commodities y de algunos bienes indiustriales. Así, al final del gobierno militar será criado el MDB, partido que metamorfoseándose para convertirse en el actual PMDB, irá actuar desde entonces como “fiel de la balanza” en el Congreso Nacional brasilero, expresando los diversos intereses políticos regionales, pero siempre guiado por la perspectiva del “Brasil potencia” que irá buscar perspectivas lucrativas de un desarrollo más autónomo.

Así, visitando la historia de ambos países podemos comenzar a entender porqué Brasil no ratificó Acuerdos de Protección de Inversiones (TBIs), mientras Argentina, con su endeudamiento basado en la paridad cambiaria artificial y los “lazos carnales” con el mercado financiero internacional, se ha visto presa a decenas de ellos y varias veces demandada en tribunales internacionales aceptados como foros competentes por los gobierno de turno.

Los “fondos buitres”, son la expresión más totalizadora de una globalización capitalista cuyo corazón es el “libre” flujo de los capitales y las ganancias, liberalización que en realidad y simultáneamente persigue la seguridad jurídica de las corporaciones y sus inversiones, que van paulatinamente asumiendo el control de los Estados. La reciente crisis financiera global desatada en el corazón del sistema hegemónico, los ha dejado en total evidencia, al igual que a otros aspectos dramáticos de la desregulación financiera.

Cuando en 2008 para enfrentar la crisis global se crea el G20, invitando a los países llamados emergentes a unirse al G7, se ve surgir una oportunidad para buscar soluciones para esa desregulación. Brasil y Argentina que comenzaron a actuar en el G20 en ese momento, lamentablemente no lo hicieron de forma coordinada. Es posible suponer que si se hubiera alcanzado una alianza de ambos países en el G20, ella podría haber ayudado a impulsar la reglamentación del sistema financiero internacional y su control (paraísos fiscales, prestamos tóxicos, hipotecas basura, etc.). Al mismo tiempo, potencializar el papel de los BRICS, bloque formado por Brasil, Rusia, India, China y África del Sur, que se unieron justamente expresando este común objetivo regulador. Entretanto, eso no ocurrió y la actuación de los dos sudamericanos no ha mostrado coordinación significativa.

Recientemente, en la última Cumbre en Fortaleza, la creación del Banco de los BRICS podía también aprovechar el momento por el ataque que los fondos buitre estaban infligiendo a Argentina, para profundizar el distanciamiento con las instituciones de Bretton Woods, especialmente el Banco Mundial. Pero a pesar del avance de la propia creación del Banco y de elementos positivos de su funcionamiento, ha sido otra oportunidad parcialmente desaprovechada. Justamente porque el Banco BRICS, de una importancia enorme para el sistema financiero global, que crea una alternativa que algunos autores leen como potencialmente contra-hegemónica, tenía la oportunidad de profundizar otros cambios, entre ellos apostar a los tribunales nacionales para la solución de conflictos judiciales eventuales, sirviendo de modelo al fortalecer las soberanías jurídicas de los propios BRICS y no continuar validando la “industria” de los arbitrajes internacionales.

Al mismo tiempo, Brasil ha venido relegando su liderazgo en la integración regional y postergando la creación de una arquitectura financiera regional alternativa, propuesta nacida al calor de la victoria contra el ALCA. A partir de la crisis económico financiera global, y a pesar de la retórica, viene priorizando su inserción en las cadenas productivas globales y postergando la adopción de soluciones regionales. Las grandes empresas brasileras continúan invirtiendo en la región, apoyadas por el poderoso BNDES, el banco de desarrollo brasilero, sin reglas y planes de desarrollo regionales que el Banco del Sur, alternativa conjunta a los países de Unasur, podría diseñar. La ratificación por el Parlamento brasilero de la creación y puesta en marcha del Banco del Sur continúa parada en el Congreso Nacional y no ha contado con ningún esfuerzo del gobierno brasilero para su aprobación, permitiendo que de hecho el BNDES continúe fortaleciéndose aunque sin comprometerse con medidas que permitirían la integración física y social y la ampliación de derechos y ciudadanía definidas conjuntamente en la región, o sea buscando la profundización democrática regional.

Las respuestas decididamente agresivas de la prensa brasilera ante el ataque de los fondos buitres contra Argentina han mostrado, al mismo tiempo, un gobierno temeroso de las consecuencias electorales y la posibilidad de algún “contagio” que el país pudiera sufrir. De ese modo, no ha enfrentado el momento a la altura de las necesidades de solidaridad con el país vecino. Tampoco refleja la ocupación de un verdadero papel como líder regional, que debería echar mano de Mercosur y Unasur -acuerdos institucionales que ha venido construyendo en los últimos años y que no han sido accionados en este momento. A pesar de sus éxitos evidentes, esos procesos integradores, y especialmente el Mercosur, han sido bombardeados por la prensa y los sectores conservadores en Brasil, que ahora agitan la necesidad de incorporar el país a las cadenas productivas globales, aunque se olvidan de decir que se trata de la incorporación subordinada al capital transnacional de siempre.

De hecho, el Mercosur especialmente viene sufriendo un enfriamiento desde la estrategia de política exterior brasilera e inclusive según trascendidos, en su última reunión en Caracas, Brasil habría propuesto la aproximación del bloque a la Alianza del Pacífico, grupo formado por Perú, Chile, Colombia y México, que apuesta a la liberalización comercial y a la conformación del TPP- Acuerdo Transpacífico - pieza importante de la estrategia norteamericana. Esto evidentemente significaría el abandono de la línea operada hasta ahora por el Mercosur, que se ha mantenido sin firmar prácticamente acuerdos de libre comercio, y abriría el camino para la firma de TLCs. Así, se abrirían las compuertas y sería imposible recusar propuestas de liberalización con otros países, lo que evidentemente resultaría en la retomada del ALCA bajo otros formatos y el abandono de una propuesta como la que ha propiciado Mercosur en los últimos años, de desarrollo autónomo de nuestros países.

Lanzar propuestas concretas, tales como poner a funcionar el Banco del Sur y el Fondo de Contingencias, el uso de monedas regionales alternativas al dólar en los intercambios comerciales en la región, y la denuncia de tribunales internacionales como el CIADI, en suma, son medidas imperativas si se quiere ampliar la soberanía financiera y la democracia en nuestra región. Así, acciones que confrontan la lógica hegemónica de los “buitres” se tornan un desafío para el gobierno brasilero al permitirle ejercer una tensión política de afirmación de sus principios, de compromiso con su historia popular y con el camino democrático para nuestros pueblos, al contrario de continuar en el camino de las concesiones a la derecha. No se trata sólo de una apuesta ideológica. Se trata de defender lo que ha generado la reciente renovación política regional, y que ha permitido los avances sobre las profundas desigualdades del continente y garantizado los triunfos en términos sociales, económicos, políticos y culturales de la región en la última década, que fueron justamente las democracias inclusivas que el neoliberalismo buscó cerrar. Justamente el diferencial a ofrecer a los pueblos de la región es el camino de profundización y ampliación democrática.

La enorme alegría popular que conmovió a Argentina, por la aparición Guido o Ignacio Montoya Carlotto, es la expresión viva y pulsante de la resistencia de un pueblo que mayoritariamente pugna por salir de las tinieblas a que fue sometido a fuerza de poderío militar y mediático ejercido sin pudor. Se trata de una victoria real pero también simbólica de la democracia y como tal tenemos que conmemorarla, leyendo el mensaje de las calles.

Graciela Rodríguez es Coordinadora del Instituto EQUIT. Miembro de la Coordinación de REBRIP - Red Brasilera por la Integración de lós Pueblos y de ASC - Alianza Social Continental.


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