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Marlén Sánchez Gutiérrez

El rescate del Fondo monetario internacional


por Marlén Sánchez Gutiérrez

30 de diciembre de 2008

Desde fines de Octubre del 2008, el FMI comenzó a anunciar su abierta disposición de otorgar préstamos a países afectados por la crisis y declaró públicamente que ya había iniciado conversaciones con algunos de ellos que habían solicitado su ayuda. En la lista de nuevos clientes se encontraban Islandia, Hungría, Pakistán, Ucrania y Bielorrusia, aunque de hecho, sólo se han concretados montos específicos para cuatro de ellos.

El préstamo propuesto para Islandia es de 2 100 millones de dólares, equivalente a casi el 1 200% de la cuota de ese país en los marcos del FMI. Dicho crédito tiene el propósito declarado de recuperar la confianza del sistema financiero, estabilizar la moneda y apoyar la recuperación económica, aunque la confirmación del mismo ha sido aplazada sin muchas explicaciones.

Para Hungría, se aprobó un monto de 15 700 millones de dólares, equivalente al 1 015% de la cuota y el programa económico que lo sustenta está centrado en dos aspectos básicos: poner en práctica un sustancial ajuste fiscal y garantizar la adecuada liquidez para que el sistema bancario cuente con los niveles de capital requeridos para su funcionamiento.

En el caso de Ucrania se ratificó un monto de 16 400 millones de dólares (el 802% de la cuota) también con vista a ayudar a las autoridades a restaurar la estabilidad económica y financiera y recuperar la confianza.

Finalmente, el acuerdo de préstamos a Pakistán asciende a 7 600 millones de dólares (500% de la cuota) y forma parte de un paquete amplio que incluye financiamiento de otras instituciones multilaterales y bancos de desarrollo regionales.

Resulta interesante que en esta oportunidad, los paquetes de rescate del FMI sobrepasan varias veces los límites aceptados de cuotas que consideran un tope anual de cien por ciento de la misma y un límite acumulativo de trescientos por ciento. Desde 1995 hasta fines del 2003, el financiamiento excepcional del FMI a México, Tailandia, Indonesia, Corea del Sur, Rusia, Brasil Argentina, Uruguay y Turquía, representó como promedio el 637 por ciento de la cuota de dichos países. [1]
Sorprendentemente ahora es en extremo flexible el respeto de las normas.

Paralelamente, el Directorio Ejecutivo del FMI ha diseñado un nuevo Servicio de Liquidez a Corto Plazo con la finalidad de otorgar financiamiento de manera rápida a países que, a juicio del Fondo lo están haciendo bien pero aun así confrontan dificultades. O sea países con políticas económicas sólidas pero con problemas temporales de liquidez en los mercados internacionales de capitales.

Está claro, el mecanismo no es exactamente para países que requieren al mismo tiempo financiamiento y ajustes de políticas, sino para aquellos que ya cuentan con acceso a mercados pero que están sometidos a presiones de liquidez en el corto plazo. De lo que se trata es de dar entender que se flexibilizan los servicios financieros del FMI para satisfacer a una amplia gama de clientes.

En principio se prevé utilizar los actuales recursos del Fondo y está establecido que el nivel máximo de desembolso sea equivalente al 500 % de la cuota del país que solicite el servicio con un vencimiento a tres meses. Los países podrán realizar tres giros durante cualquier período de 12 meses [2].
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Un requisito clave en la elegibilidad del país es el haber recibido una evaluación muy positiva durante la última consulta del Artículo IV con el FMI, además de la solidez de las políticas macro, la sostenibilidad de la deuda y el acceso a los mercados. No se supone que este financiamiento esté sujeto a criterios de condicionalidad ni a las exigencias rutinarias del Fondo, dado el énfasis que se pone en el desempeño pasado del país en cuestión. El único compromiso por parte del prestatario es el de mantener un contexto macroeconómico sólido.
Varias cosas llaman la atención en este aparente rescate del Fondo a economías afectadas por el actual tsunami financiero convertido ya en una crisis de carácter sistémica.

Primero, el FMI hasta hacía muy poco no tenía recursos porque había perdido a sus mejores clientes y de repente activa su procedimiento de financiamiento emergente y dice contar con un fondo disponible de 250 mil millones de dólares [3]
y estar, además, preparado para otorgar financiamiento de manera expedita a todos aquellos miembros que están siendo seriamente afectados por la crisis. No obstante, reconoce que los fondos no son suficientes y ha solicitado ayuda a las economías industrializadas, de hecho ya Japón se comprometió con un préstamo al FMI por valor de 100 mil millones de dólares pero la institución dice necesitar otros 100 mil millones más para satisfacer las demandas de sus clientes sobre todo en el mediano plazo.

Por un lado, es cierto que los fondos que han aparecido no guardan ninguna relación con la magnitud de los problemas generados por la crisis. El propio FMI ha estimado las pérdidas directas derivadas del terremoto subprime estadounidense en 565.000 millones de dólares y en 945.000 millones si se incluyen también otro tipo de activos relacionados con la crisis hipotecaria [4] . Las economías afectadas por la crisis necesitan financiamiento de emergencia para estabilizar los mercados y restablecer la confianza, pero necesitarán también financiamiento de mediano plazo para reactivar la economía real. Definitivamente el primero es mucho más fácil de movilizar que el segundo.

Por otro lado, nada más parecido que una operación de rescate pero en este caso al FMI y no del FMI. De la misma manera que los Bancos Centrales han inyectado dinero en los mercados para evitar la quiebra generalizada del sistema financiero internacional, los principales accionistas del Fondo han decidido rescatar a la legendaria institución para que siga jugando su papel protagónico en las finanzas internacionales.

El Fondo no alcanzó a prevenir la crisis pero sale nuevamente al rescate de sus miembros más afectados en un intento desesperado de ser parte de la solución además del problema. Definitivamente la crisis le ha devuelto la vida al FMI, pareciera que para que al Fondo le vaya bien, al mundo le tiene que ir muy mal, prácticamente el FMI había dejado de ser una institución financieramente viable pero nuevamente resurge.
Detrás de esto se esconde un auténtico juego de poder y liderazgo, no debe perderse de vista que dicha institución está conformada por países y desde su creación ha sido funcional a los intereses de los grandes centros de poder. Ahora sí parece ir ‘’más en serio’’ la reforma del sistema monetario y financiero internacional, al menos hay un consenso generalizado sobre la urgencia de cambiar las reglas del juego y contar con instituciones de nuevo tipo, sin embargo, una buena parte de los protagonistas que ejecutarán ese cambio han apostado abiertamente por renovar las instituciones actuales y no por sustituirlas por otras, por tanto nada más oportuno que rescatar al FMI.

Segundo, en el reacomodo actual del Fondo éste ha encontrado otra categoría de clientes: Europa del Este. Cuando surgieron las Instituciones de Bretton Woods en 1944 su misión fundamental era asegurar el proceso de reconstrucción europea y garantizar la estabilidad financiera. Sin embargo, a partir de la década del 70 las potencias industrializadas dejaron de necesitar al FMI y dicha institución se rediseñó en función de las demandas de las economías subdesarrolladas, adquiriendo un protagonismo decisivo durante la crisis de la deuda y el posterior decenio cuando se encargó de diseminar las políticas neoliberales como parte del nuevo paradigma de desarrollo.
Después de la crisis del sudeste asiático y más recientemente a mediados de la actual década con la pérdida de sus prestatarios más importantes se concentra en los países más pobres, pero como éstos no son capaces de garantizar la solidez financiera de la institución, ahora les ha venido muy bien que algunos países de Europa del Este [5]
comiencen a solicitarle ayuda. Una muestra más de la capacidad de adaptación del Fondo.

Tercero, sorprendentemente se flexibiliza la condicionalidad en el otorgamiento de estos préstamos de emergencia. Se dice que los mismos irán acompañados de algunas condiciones relativas a la política económica, pero que no serán tantas y estarán más focalizadas que en el pasado. Será esto una muestra de receptividad del Fondo a las constantes críticas que se les ha hecho en esta materia? o es sólo un reflejo más del tratamiento asimétrico que ha caracterizado a esta institución y que ahora coquetea con marcar las diferencias entre economías que realmente están emergiendo como es el caso de Rusia, China, India, Brasil, etc. y economías subdesarrolladas entre las que clasifican Haití pero también México?.

Cuarto, respecto al nuevo Servicio de Liquidez a Corto Plazo propuesto está claro que es una expresión de rediseño urgente del FMI para no perder protagonismo y para no sentirse cuestionado cuando decida desembolsar grandes sumas a economías del G-8. Resulta bien interesante que en el replanteo de los servicios financieros que presta el Fondo hayan diseñado uno exactamente para los países que tienen plata y a los que no hay que decirles cómo hacer las cosas porque en teoría las están haciendo bien según el rígido criterio del FMI. Al parecer, en el nuevo reacomodo se trata de institucionalizar la función del FMI como una especie de Banco Central Mundial a pesar de que no queda claro si emitirá una moneda virtual o relanzará al DEG.

En el caso de América Latina, entre los potencialmente elegibles estarían Brasil, México y Chile, pero es muy cuestionable que éstos hagan uso del mecanismo. Los dos primeros porque ya resultaron beneficiados por las nuevas líneas de swaps cambiarios por valor de 30.000 millones de dólares abiertas por la Reserva Federal de los Estados Unidos a cuatro países: Brasil, México, Singapur y Corea del [6] y, porque además, la credibilidad del Fondo está tan dañada que prefieren salirse se su tutela y todavía pueden hacerlo. Chile, por su parte, cuenta con un colchón de reservas que le permitirían de manera holgada poner en práctica medidas de política económica contraciclícas sin tener que acudir al Fondo.

Finalmente, algunos comentarios relacionados con la Cumbre sobre Mercados Financieros y Economía Mundial convocada por los líderes del G-20.

En la efervescencia de la crisis se ha abogado mucho por la necesidad de ‘’modernizar el multilateralismo’’ y en ese intento, pareciera que surge un ‘‘nuevo multilateralismo’’ que resulta ser totalmente excluyente y, que en cierta forma se pierde en la frontera del plurilateralismo.
Es sorprendente, que se convoque a una Cumbre Mundial para abordar el tema de las respuestas a la crisis y las reformas que en el orden financiero internacional se deberían acometer para evitar eventos similares en el futuro, y se cite sólo a los países del G-20. Máxime cuando se trata del mismo G-20 que no logró llevar adelante la Reforma del Sistema Financiero Internacional después de la Crisis del Sudeste Asiático.

Desde que se convocó esta Cumbre, se trató de vender la idea de que se trataba de una reedición de Bretton Woods, pero en la medida en que se acercaba la fecha, se le fue bajando el tono al encuentro hasta el punto de considerarla sólo como el punto de partida de un largo proceso. Al parecer, durante la etapa preparatoria a la Cumbre se constató la falta de consensos por las agendas divergentes de los mandatarios reunidos y se decidió bajar expectativas para alertar a la comunidad internacional de que no debería esperar grandes cambios. Así fue realmente.

Respecto a la Declaración Final, llama la atención que el Plan de Acción propuesto, que descansa sobre los cinco principios que deben constituir el eje articulador de la Reforma, no difieren mucho de la tradicional Agenda de la Reforma de la Arquitectura Financiera Internacional. Ellos son: fortalecer la transparencia y la contabilidad; mejorar la regulación; promover la integridad de los mercados financieros; reforzar la cooperación internacional y; reformar las instituciones financieras internacionales.

De modo que estamos frente a la misma declaración de intenciones de siempre, en esta oportunidad con acciones definidas para ser implementadas en el corto y mediano plazo, pero que resultan líneas muy vagas de actuación económica. No dejan de ser más de lo mismo.
Lo curioso es que a fines de Octubre cuando la crisis estaba en uno de sus puntos más efervescentes, parecían existir ciertos consensos, incluso entre los países industrializados, que de repente se perdieron: el franco cuestionamiento al papel del mercado, la necesidad de una mayor y más eficaz regulación de los mercados financieros y el cambio en la correlación entre las finanzas y la actividad productiva.

Ahora se habla de que hay que regular pero se alerta de los peligros de una sobre regulación, o sea que ya hay ambigüedad o tibieza en el alcance de la regulación. La Unión Europea apuesta por una regulación en todos los segmentos de los mercados financieros incluyendo, agencias de rating, hegde funds, paraísos fiscales; en cambio Estados Unidos es mucho más cauteloso, en el fondo sigue confiando en la mano invisible del mercado y su capacidad de regulación.

Por otra parte, si quedaba alguna duda ya no la hay, la Cumbre del G-20 volvió a empoderar al FMI, en varios párrafos de la declaración final se insiste en la necesidad de reforzar el papel del Fondo y de darle un papel protagónico en la resolución de la crisis. Es curioso porque ciertamente no hay consenso en torno a cómo debería ser el nuevo reacomodo de dicha institución, si como Banco Central Mundial, si como policía o simplemente seguir jugando su papel de bombero; sin embargo en lo que si se aprecia absoluta claridad, es en que el FMI se queda en el marco institucional del tablero económico mundial actual. No hay dudas. Hay que rediseñar la institucionalidad del sistema financiero internacional, pero este tiene que seguir siendo funcional a los grandes centros de poder.

En esta lógica, se inserta claramente la idea de darle una mayor representatividad a las economías emergentes y subdesarrolladas en el FMI y en algunas de sus estructuras de trabajo. Es el caso del Foro de Estabilidad Financiera donde ya parece haber un compromiso de abrir su membresía a otros países del G-20.

Lógicamente si el Fondo se queda no pude quedarse tal y como está, hay que aparentar que se le da participación a las economías subdesarrolladas y, en esta lógica viene muy bien la clasificación, ya muy cuestionable, de economías emergentes y subdesarrolladas, donde cabe China, Brasil, pero también Bolivia y Burundi. De ahí que el ‘paraguas ideal’ sea el G-20 bajo el supuesto de que representa el 80 % de la economía mundial y dos tercios de la población del planeta.
Al resto del mundo subdesarrollado no le queda otra que verse reflejado en la Declaración final a través del párrafo de compromiso sobre la reafirmación del Consenso de Monterrey y el apoyo al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Por otra parte, en un intento por recuperar parte de la legitimidad de las Instituciones de Bretton Woods, Europa ha propuesto hacer más transparente y abierto el mecanismo de selección del Director del Fondo Monetario Internacional y del Presidente del Banco Mundial con lo cual se rompería con la tradición de que el Fondo debe ser dirigido por un europeo y el Banco Mundial por un norteamericano. No obstante, éste es aún un tema pendiente.

Sorprendentemente el tema monetario quedó fuera de la agenda de discusión, de la Declaración Final y del Plan de Acción, resulta absolutamente incomprensible pero es la realidad. Se convoca a una Cumbre Mundial para discutir sobre las posibles soluciones a la peor crisis financiera desde los años 30 pero al parecer nadie se tomó la molestia de invitar a los países del Mundo, ni de ‘avisarle al dólar’. Lo primero es un olvido lamentable pero lo segundo es una torpeza técnica inaceptable.

En síntesis, la reunión fue más de lo mismo. A pesar de que se logró concretar un Plan de Acción, la declaración final es un reflejo de que en la negociación del documento poco pudieron hacer las economías emergentes que supuestamente iban representando los intereses de los países subdesarrollados, lo cual de entrada es muy cuestionable. En cambio, la posición pro mercado de Estados Unidos sí quedó muy clara; en todo momento se insistió en que el eje articulador del proceso de reforma debería descansar sobre la lógica y los principios del mercado a pesar del más reciente coqueteo con mecanismos de regulación estatal. Por otra parte, la Cumbre sirvió para empoderar nuevamente al FMI, devolverle su protagonismo de siempre e involucrarlo públicamente en la solución del problema como si no hubiera sido parte del mismo desde el comienzo.

El único punto de encuentro en la Cumbre parece reducirse al relanzamiento de la ronda de negociaciones comerciales de Doha que una vez más quedó bloqueada en Julio de este año. Al parecer esa es la única carta negociadora que lograron poner las economías emergentes sobre el tablero, más allá de la referencia a los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los magros resultados de la Cumbre de Monterrey.
En resumen, paradójicamente la profundización de la crisis le inyectó vida al FMI y la más reciente Cumbre del G-20 relanzó nuevamente a esta institución devolviéndole su liderazgo en las finanzas internacionales. El que se haya tomado el paraguas del G-20 para discutir sobre la reforma de la arquitectura financiera internacional actual es comprensible en la lógica de las actuales relaciones de poder porque da continuidad a una discusión que nunca condujo a nada pero que era absolutamente coherente con la filosofía de apariencia del FMI durante la crisis del sudeste asiático cuando se creó el G-20. En aquel entonces, se quería considerar a aquellas economías subdesarrolladas que cada vez más iban teniendo un peso más importante en la economía mundial pero siguiendo, además, un criterio geográfico. Sin embargo, está claro que el marco idóneo para discutir este tema tiene que ser las Naciones Unidas.

Lo que verdaderamente preocupa es que en esa misma filosofía de apariencia de mostrar a la comunidad internacional de que ‘’verdaderamente’’ se le da una mayor participación a las economías emergentes y subdesarrolladas, se consolide el G-20 como nuevo formato de gobierno internacional para hacer frente a los problemas mundiales en sustitución del G-8. Este parece ser un escenario muy probable y para eso hay que prepararse.

Una idea final, las crisis no sólo destruyen sino que también construyen y con independencia de lo que se esté construyendo hacia el interior de la crisis actual, lo que sí está claro es que la misma está brindando un conjunto de oportunidades que deben ser potenciadas por las economías subdesarrolladas para no quedarse al margen de esta nueva revolución en las finanzas internacionales.

Es cierto que se requerirá de mucha diplomacia financiera para avanzar en el rediseño de la arquitectura financiera internacional actual y que se trata de un proceso largo y a saltos. De ahí que, paralelamente, deberían irse delineando proyectos alternativos en el ámbito regional. El tema, necesariamente tiene diferentes niveles de discusión: a nivel internacional, a nivel regional, pero sobre todo a nivel nacional para ir madurando propuestas desde abajo que puedan constituirse en potenciales insumos para una genuina Cumbre Mundial que aborde el problema en toda su magnitud y alcance.

Es preciso reformular las posiciones de las economías subdesarrolladas y aprovechar el limitado marco que se nos presenta de estar representado geográficamente en el G-20 por las economías líderes regionales para intentar potenciar la oportunidad de ser parte de lo que se está construyendo hacia el interior de la crisis actual. No es lo óptimo ni lo deseable pero es lo que en estos momentos está a nuestro alcance y, necesariamente en el contexto actual, hay que pensar en estrategias paralelas, simultáneas y no exactamente en alternativas excluyentes.

Noviembre, 2008.

Dra. Marlén Sánchez Gutiérrez: Profesora Auxiliar e Investigadora del CIEI, Universidad de la Habana.

(PDF) 46.7 KB

notes:

[1Yilmaz Akyüz. Manejo y resolución de crisis: ¿rescate o refinanciación?. Nº 165 - mayo/junio 2006.

[2FMI. El FMI crea el Servicio de Liquidez a corto plazo para países con acceso a mercados. Comunicado de Prensa No. 08/262 (S). 29 de Octubre del 2008

[3Esta cifra incluye acuerdos especiales con países seleccionados para prestar recursos adicionales.

[4Miguel Roig. El FMI insta a los gobiernos a rescatar a bancos con problemas. 08-04-2008.

[5Nuevo subgrupo que se ha sumado a la categoría de economías emergentes y subdesarrolladas pero con otro nivel de desarrollo relativo y con intereses políticos bien definidos pro Unión Europea.

[6SurReuter. Fed ofrece liquidez a Singapur, Brasil, México y Corea. 11/11/08.


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