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Daniel Munevar

Financiamiento Externo en Mexico


por Daniel Munevar

16 de febrero de 2007

La declaración de cesación de pagos de la deuda externa por parte del gobierno mexicano en 1982, dio “paso” a dos procesos que en muchos sentidos modelaron la dinámica de los procesos económicos que se han dado a lo largo y ancho de los países latinoamericanos durante las últimas 2 décadas. El primero de esos sucesos fue la crisis de la deuda, que rápidamente se extendió por varios países, afectando profundamente el crecimiento económico en toda la región, fenómeno conocido en los círculos académicos como la “década perdida”. El segundo de esos sucesos, y que se podría argumentar como consecuencia del primero, es decir del colapso del modelo económico impulsado hasta el momento, fue un cambio fundamental en el enfoque de las políticas económicas, que de hacer énfasis en el papel activo del Estado en los procesos de desarrollo económico e industrialización a través de la sustitución de importaciones, pasan ahora a enfatizar la importancia de la asignación de recursos a través de la libre interacción de las fuerzas del mercado, como medio para asegurar la estabilidad macroeconómica y mayores tasas de crecimiento económico .

De esta forma los últimos 20 años se han caracterizado como un periodo de profundas reformas en el cual los países, basados en la premisa de la eficiencia de los mercados, iniciaron un rápido proceso de desregulación de la actividad económica, retirada del estado de sectores estratégicos de la economía y liberalización comercial y financiera, con el objetivo de integrarse al sistema económico mundial y mejorar su situación económica.

Dentro de estas reformas uno de los aspectos mas debatidos ha sido la desregulación financiera y su impacto sobre la dinámica económica de la región, al ser considerada por diferentes autores (French-Davies, 2002; Kregel, 2003; Huerta, 2003) como una de las principales variables asociadas al pobre desempeño de la región, expresada entre otras en comportamientos sumamente pobres en términos de tasas de crecimiento menores y mas volátiles a comparación del periodo anterior a la crisis de la deuda.

En el presente trabajo se analizará los impactos de dichas políticas de desregulación en la dinámica de financiamiento externo en el caso de México durante los últimos 15 años con el objetivo de analizar la viabilidad de tal esquema en el mediano y largo plazo. Para ello el trabajo ha sido dividido en 5 partes, en la primera parte del trabajo se da una breve reseña del proceso de liberalización financiera en México. En la segunda parte del trabajo se hace un análisis del esquema de financiamiento externo en términos de transferencia de recursos. En una tercera se analizan lo flujos y volúmenes de deuda y en una cuarta los flujos y volúmenes de inversión, tanto directa como de cartera. Finalmente en la quinta y última parte se realiza un balance general del esquema de financiamiento externo mexicano y las perspectivas hacia futuro del mismo.

2 El Proceso de Liberalización Financiera

En 1984 con la reforma a la Ley Orgánica del Banco de México, comenzó el proceso de liberalización financiera en México. Dicha ley limitaba el financiamiento que el BM podía otorgar, así como disminuía el encaje aplicado a los bancos comerciales a 10% de sus activos computables (Manrique 2000). Este tímido paso hacia la liberalización fue complementado con los acuerdos realizados con el FMI en 1988, y que si bien se venían realizando desde 1982, solo es hasta este año que es incluido el tema de la liberalización financiera. De esta forma para este año fueron eliminadas las cuotas de crédito (a sectores de alta prioridad) y los requisitos de reserva obligatorios, además de algunos controles sobre la tasa de interés.

El siguiente gran paso se dio en 1989, en primer lugar con la abolición completa de cualquier control sobre las tasas de interés, en segundo lugar con la apertura del mercado accionario a los inversores extranjeros y en tercer lugar con la reforma de la Ley de Inversión Extranjera de 1973. Dicha ley en su texto original limitaba la participación extranjera en la propiedad de una empresa a un máximo del 49%, pero con la reforma de 1989, la cual derogo todas las disposiciones administrativas existentes, se aprobó la participación del 100% de inversores extranjeros para proyectos menores de inversión a 100 millones de dólares que cumplieran con una serie de requisitos, como la generación de divisas (Ros 2000).

Otro hito en el proceso de liberalización financiera fue el acuerdo logrado con los bancos acreedores para la reestructuración y reducción de la deuda externa a través del plan Brady, firmado en 1990. En este año también fueron iniciadas las negociaciones para incluir a México en un TLC con Estados Unidos y Canadá.

En 1992 además de la finalización con éxito las negociaciones para la creación del TLCAN, también se produjeron nuevos cambios en las regulaciones financieras que incluyeron la ampliación a los límites de endeudamiento bancario en moneda extranjera y la imposición de un límite máximo del 10% a los depósitos denominados en moneda extranjera.

El año de 1993 marco la sustitución de la Ley de Inversión Extranjera de 1973, por una nueva ley, que incorporo los cambios introducidos en 1989, así como las disposiciones requeridas por el TLCAN. Otro cambio importante fue la desaparición del tope del 49% de la participación extranjera en la propiedad de una empresa, y se reduce el numero de sectores en los cuales la inversión extranjera. Resaltan el sector financiero, posteriormente fue derogada esta disposición, y el sector petrolero quedo restringido exclusivamente al Estado.

Finalmente, en 1994 se dio inicio oficialmente al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, marco jurídico en el cual se desenvolverán en años posteriores los flujos de bienes y capital hacia y desde México.

3 Transferencia de Recursos: Un Balance Desalentador

Para iniciar el estudio de las tendencias del financiamiento externo en la etapa posterior a la liberalización financiera analizaremos el comportamiento de las transferencias netas de recursos hacia México durante dicho periodo para así observar los beneficios o pérdidas que ha obtenido el país con el mismo, en términos de recursos netos obtenidos del exterior.

De esta forma, tomando 1990 como año de inicio del estudio, México recibió durante los últimos 15 años una transferencia neta positiva de recursos en el orden de los 80 millardos de dólares. Pero si tomamos, por otra parte, 1980 como año de inicio, tenemos un balance mucho más desalentador en el cual la transferencia neta de recursos para todo el periodo (1980 - 2004) se reduce a 24 millardos de dólares. Las persistentes transferencias netas negativas a lo largo de los años 80 consecuencia de la salida de México de los mercados internacionales de capital como deudor soberano, a raíz de la crisis de la deuda, permiten explicar la diferencia entre las cifras anteriormente mencionadas. Es interesante señalar, en este sentido, que solo es hasta el año 2001, que la sumatoria de la transferencia neta de recursos vuelve a tener signo positivo, es decir que tomó más de 10 años de transferencias positivas de recursos (a excepción del periodo 94 - 96), para revertir el signo de las transferencias. Esto permite apuntar al hecho que las grandes transferencias de recursos a lo largo de los años 90, no representan una nueva tendencia de financiamiento externo más favorable para el país, sino sencillamente una recuperación de los deprimidos niveles de los años 80, alentada por las reformas económicas llevadas a cabo en el país (Grafico 1).

Pasando a un análisis del comportamiento de la TNR a lo largo de los últimos 15 años, es posible ver como se presentan dos ciclos de auge y caída. El primer de estos ciclos, comprendido entre los años de 1990 y 1996, tiene como característica principal la masiva entrada, y posteriormente salida de capitales, en un entorno marcado por el reciente proceso de liberalización financiera y cambios en el régimen de inversión. Así el 60% de los flujos de capital que entraron al país entre 1990 y 1993, año pico de la entrada de capitales al país, fue inversión en cartera. Sin embargo conforme prosiguió el deterioro del balance en cuenta corriente, aumentando el número de préstamos “malos” en la cartera de los bancos y la apreciación del peso llego a un punto insostenible en un entorno de bajo crecimiento, estos capitales procedieron a abandonar rápidamente el país, en medio de la crisis del tequila (Kregel 1998).

El segundo ciclo que comienza en 1996 y que hoy en día se encuentra en la fase descendente, es un ciclo caracterizado por un entorno internacional sumamente inestable, marcado por crisis financieras y desequilibrios de balanza de pagos a escala global, donde la IED ha sido el principal flujo de capital hacia el país representando el 122% de los capitales que han entrado al país, al mismo tiempo que se ha logrado una reducción perceptible de sus niveles endeudamiento externo.

Aun así el comportamiento a la baja en los últimos años plantea serias interrogantes de cara al futuro en lo que respecta al posible agotamiento del esquema actual de financiamiento externo y las consecuencias que dicha eventualidad tendría sobre la evolución de la economía mexicana durante la próxima década, teniendo en cuenta las características de la IED en el caso mexicano, las perspectivas del sector exportador del país y un entorno internacional mucho menos favorable que el presente en la actualidad, cuestiones que en las siguientes secciones del trabajo.

4 Deuda Externa en México 1990 - 2004

En materia de endeudamiento externo México ha mostrado en ciertos aspectos un avance considerable. Lo primero a resaltar es la considerable reducción del monto total de la deuda externa en el periodo estudiado, en términos de porcentaje de los ingresos de cuenta corriente y del PIB. Así, si para 1992 la deuda externa representaba el 190% de los ingresos de cuenta corriente y el 32% del PIB, ya para el 2004 ambos indicadores se redujeron al 72% y al 23%, respectivamente. El segundo elemento a resaltar, es la reducción del pago de intereses de la deuda, lógica consecuencia de la disminución de los montos totales de endeudamiento. En 1992, el pago de intereses de la deuda representaba el 15% de los ingresos en cuenta corriente y el 2,6% del PIB; en el 2004 ambas cifras se redujeron a 5,2 y 1,7, respectivamente (Tabla 1).

Sin embargo estas cifras del Banco Central de México, deben ser tratadas con cuidado. En primer lugar la reducción del indicador deuda/ingresos cuenta corriente se dio a consecuencia del espectacular aumento de los ingresos en cuenta corriente, que pasaron de 61 millardos de dólares en 1992 a 223 millardos en el 2004. Los dos fenómenos principales que permiten explicar este incremento, son, por un lado el crecimiento de las exportaciones, las cuales registraron un crecimiento del 400% durante el periodo señalado y por otro lado se encuentran las remesas que ya en el 2004 representaron la nada despreciable cifra de 17 millardos de dólares.

Si nos detenemos a analizar más a fondo el crecimiento de las exportaciones, con el fin de analizar con más claridad los indicadores de endeudamiento relacionados con las mismas, es posible ver como gran parte de este incremento se debe al aumento de las exportaciones de las maquiladoras. Si en 1992 las exportaciones de la maquila fueron 18 millardos de dólares en el 2004 fueron de 87 millardos, es decir que del incremento total de las exportaciones cerca del 43% se ve explicado por el crecimiento de la maquila. Si a lo anterior agreguemos el incremento en el orden de los 15 millardos de dólares en las exportaciones anuales petroleras, tenemos que entra maquila, petróleo y remesas se explica el 63% del incremento de los ingresos de cuenta corriente.

De esta forma, si en vez de utilizar los ingresos de cuenta corriente, se utilizan solo los ingresos por exportaciones, entonces en 1992 tenemos que la deuda externa representaba el 255% de las exportaciones, en el 2004 represento el 85%, mientras que el pago de intereses represento el 45 y el 14% respectivamente. Si se excluyen de los ingresos por exportaciones a la maquila, resulta que la deuda en 1992 representaba el 427% de los ingresos por exportaciones, para ubicarse posteriormente en el 2004 en el orden del 159% de dichos ingresos; el pago de intereses represento el 75 y 26% respectivamente (Tabla 2).

Hago énfasis en el tema de la maquila, ya que como es conocido este tipo de empresa es el resultado de la aparición de cadenas de producción transnacionales que trasladan las fases de producción intensivas en mano de obra de productos de alto valor agregado a países donde los costos laborales sean bajos (UNCTAD 2002). Es decir que este tipo de empresa, al depender de suministros importados, no solamente tiene un efecto prácticamente nulo en el balance exportaciones - importaciones y por ende en la captación de divisas, sino que a parte de la creación de puestos de trabajo mal remunerados prácticamente no tiene ningún efecto sobre el proceso de industrialización y creación de valor agregado en el sector exportador y en la economía en su conjunto.

El tema es importante desde el punto de vista del financiamiento externo ya que a pesar del gran ritmo al que han crecido las exportaciones, las importaciones han aumentado a un ritmo todavía mayor, por lo que a excepción de los años posteriores a la crisis del tequila y la devaluación del peso mexicano, el resto de los años del periodo de estudio México ha venido registrando de forma sistemática déficit de cuenta corriente asociados en primer lugar al proceso de liberalización comercial llevado a principios de los noventa (UNCTAD 1999) y en segundo lugar al fenómeno de la maquila . El déficit de cuenta corriente no representa en si mismo un problema, siempre y cuando exista una transferencia neta de recursos que permita financiar dicho déficit, pero como se vio anteriormente, la tendencia actual de la TNR es a la baja, por lo que una recesión en los Estados Unidos en los próximos años, principal mercado de las exportaciones mexicanas, aunado a una contracción de los flujos de capital a nivel internacional, ambas situaciones con buenas probabilidades de ocurrir, podría atrapar en una posición comprometedora al país, a pesar del proceso de des-endeudamiento que se ha llevado tanto en los sectores publico y privado, como veremos a continuación.

Composición Sectorial Deuda Externa México por Deudor
A lo largo del periodo comprendido entre 1992 y el 2004 se ha presentado cambios importantes desde el punto de vista de la composición sectorial de la deuda externa. La participación del sector privado en la deuda externa total de México, ha aumentado de forma significativa: mientras que en 1992 la participación del sector privado no bancario y la banca comercial llegaba al 30%, en el 2004 su participación ha llegado a poco mas del 50%, a consecuencia de que la deuda externa conjunta de estos sectores casi se multiplico por 3, pasando de 35 millardos de dólares a 80 millardos al fin del periodo, es decir que registro una tasa promedio de crecimiento anual del 13%. La contrapartida del incremento de la participación de la deuda externa del sector privado, es una disminución de la deuda pública, que de representar el 64%, esto es 81 millardos de dólares, paso a representar el 48% en el 2004, o 79 millardos de dólares (Tabla 1).

Este cambio en la composición sectorial de la deuda externa ha implicado también cambios en la composición del pago intereses, donde hoy en día el sector privado paga el 40% de los intereses de la deuda externa al exterior, cuando en 1992 representaba solo el 20%, es decir que ha duplicado su participación en este rublo.

A su vez dentro del sector privado se presentan dos tendencias principales. Mientras que la banca comercial se encuentra en un proceso de reducción de su endeudamiento externo, llevándolo a una quinta parte en el 2004 de lo que representaba en 1995, el sector privado no bancario, hogares y empresas, han aumentado masivamente su endeudamiento externo, lo que permite explicar el crecimiento de la deuda externa del sector privado en su conjunto.

Si pasamos a un análisis mas profundo del sector privado, es importante analizar el vínculo existente entre el proceso de liberalización financiera y el rápido aumento de la deuda externa del sector privado. En el caso mexicano, este es un nexo bastante estudiado (Ros 2000; Miotti 2004), ya que el boom del crédito bancario dirigido al consumo de bienes importados y financiado por la entrada masiva de capitales a principios de los noventa, en el marco del proceso de liberalización comercial y financiera, fue uno de los elementos centrales que llevaron a México a la crisis en 1994 (Kregel 1998). Lo que es importante señalar es que los efectos de la crisis, propiciada por la desregulación financiera, todavía persisten en la economía en la forma de un sistema financiero, que a pesar de haber pasado mas de diez años después de la crisis, no presta al sector productivo nacional y obliga a las empresas a buscar diversas formas de financiamiento, entre ellas el endeudamiento externo.

En este sentido hay varios elementos que permiten apuntar en esa dirección. El primero de ellos lo constituye el hecho de que el financiamiento otorgado por la banca comercial, se ha contraído ininterrumpidamente desde la crisis, pasando de un cifra cercana al 40% del PIB en 1994, a alrededor de un 20% en el año 2000 (BCM 2000). Mas grave aun es el hecho de que la contracción del financiamiento ha afectado de forma especialmente fuerte al sector productivo del país, ya que mientras el crédito a vivienda y consumo ha presentado un ligero repunte en los últimos años, el crédito a las empresas se contraído de forma constante hasta el año 2002 (Miotti 2004). Si analizamos el comportamiento del crédito a partir del 2002, las cosas no han mejorado en materia de acceso a financiamiento para las empresas, ya que durante los dos últimos años el crédito a este sector a permanecido estancado con una variación anual de menos del 5%, cuando el crédito para el consumo ha venido presentando tasas de variación anual en el orden del 40% (BCM 2004).

El segundo elemento lo aporta un análisis de la estructura de financiamiento de las empresas en México (Grafico 2). Un estudio del 2004 realizado por el BCM, con una muestra de 500 empresas, de diferentes tamaños, dio como resultado que la principal fuente de financiamiento la constituyeron los proveedores, los cuales aportaron el 55% del financiamiento, seguidos en segundo lugar por los bancos comerciales que aportaron un 20% y por financiamiento obtenido con otras empresas del grupo en un 15%. El hecho que los proveedores sean la principal fuente de financiamiento, por un margen tan amplio, teniendo en cuenta las características de este tipo de financiamiento, eminentemente de corto plazo, es un síntoma inequívoco de los problemas que tienen las empresas para obtener financiamiento. Mas importante aun es señalar el hecho de que quienes encuentran más dificultades para obtener financiamiento son las empresas pequeñas y medianas, fuentes importantes de empleo, lo que significa que su dependencia de los proveedores sea superior a la media. También es interesante ver que son las grandes empresas , quienes han utilizado de forma intensiva el financiamiento de bancos extranjeros, representando este tipo de financiamiento el 16% de su financiamiento total.

Un ultimo elemento lo constituyen las altas tasas de interés, que a pesar de haber disminuido de forma continua de los estratosféricos niveles posteriores a la crisis (Tabla 3) aun continúan representando un obstáculo para la obtención de financiamiento. Así entre los años 2003 y 2004, el principal motivo por el cual las empresas no utilizaron crédito fueron las altas tasas de interés, con un 20%, seguido de cerca por incertidumbre en la situación económica, 19%, negativa de la banca, 13%, y problemas de reestructuración financiera 10% (BCM 2004).

Considero importante hacer énfasis en el tema de la deuda privada, ya que en contra de lo que pregonan los académicos del mainstream, las actividades financieras del sector privado en un entorno marcado por la desregulación financiera llevan en si mismas la semilla de la crisis como se encargaron de demostrar los sucesos de la crisis del sudeste asiático, donde a pesar de la disciplina macroeconómica del sector oficial la masiva acumulación de deuda a corto plazo por parte del sector privado se convirtió en el detonante de una crisis de proporciones globales (Goldstein 2005). Así, en el caso mexicano la rápida acumulación de deuda externa por parte del sector privado, con un sistema bancario que si bien ha disminuido su exposición externa, presta principalmente para el consumo pueden convertirse en puntos vulnerables de darse un deterioramiento de las condiciones externas.

En lo que respecta a la deuda del sector publico vemos como a pesar del gran incremento de la deuda externa publica en 1995 en una magnitud cercana a los 20 millardos de dólares, consecuencia del rescate del sistema bancario posterior a la crisis, se presenta posteriormente una tendencia a la baja en sus niveles de endeudamiento, por lo que al final del periodo, la deuda externa medida en términos nominales solo se ve incrementada en una cuantía de 3 mil millones de dólares, mientras que como porcentaje del PIB se reduce de un 23% a un 11%. En lo que respecta al pago de intereses anuales, se produce también una reducción importante, si los medimos como porcentaje del PIB, al pasar de 2,6% en 1992 a 1,7% en el 2004 (Tabla 1).

La reducción de los niveles de endeudamiento público externo ha sido posible gracias a la aplicación de paquetes de medidas destinados a reemplazar deuda interna por externa, proceso iniciado en 1998 y que ha permitido, a partir del año 2001, financiar totalmente el déficit fiscal a través de deuda interna. En el 2003 fue posible retirar los últimos bonos brady por un valor de 3,5 millardos de dólares y ya en el año 2004 se utilizo financiamiento interno para pagar 500 millones de dólares de deuda externa (IMF 2004). Dicha estrategia, ha incrementado drásticamente la deuda interna, haciendo que esta aumente su participación en la deuda publica total de un 11% en 1997 a 49% en el 2004 (Tabla 4).

Este proceso de cambio de deuda externa por interna obviamente tiene connotaciones positivas ya que reduce los niveles de vulnerabilidad externa frente a bruscos cambios en la situación internacional y más cuando como en el caso de México, la estrategia incluye el aumento de la madurez del endeudamiento interno, que a su vez se traduce en mayores niveles de confianza por parte de los inversores internacionales. Así se ha empezado a reemplazar deuda a corto plazo indexada a las tasas de interés, por deuda a largo plazo, lo que ha llevado la madurez promedio de las nuevas emisiones a 16 años (Goldstein 2005). Sin embargo, y a pesar de las muchas facetas positivas que trae consigo la deuda interna, es importante no perder de vista dos cosas. La primera esta relacionada con el aumento de la participación de los bonos de deuda publica en la cartera de los bancos comerciales: en México los bonos de deuda del gobierno representan el 79% de los depósitos bancarios en la cartera de los bancos. Si bien existen estudios que apuntan al hecho de que una mayor participación de bonos de deuda gubernamental en la cartera de lo bancos ayuda a mantener la estabilidad del sistema financiero en tiempos de crisis, al proveer efectivo seguro a los bancos para que estos puedan cumplir sus obligaciones (Wray - Papadimitrou 1999), también es cierto que de enfrentar dificultades financieras el gobierno, las mismas pueden trasladarse rápidamente al sistema bancario y de ahí a la economía en su conjunto (Goldstein 2005). Mas importante aun que estos dos argumentos, es el que proporciona Miotti (2004), al señalar que el objetivo de los intermediarios financieros es canalizar el ahorro hacia la inversión productiva, no canalizar el ahorro hacia bonos y securities del gobierno, lo que convierte de facto al sistema financiero en un fin en si mismo, lo cual es un despropósito completo, por lo que habría que mirar este fenómeno con malos ojos. La segunda cosa que no se puede perder de vista es la tendencia a sobre estimar el riesgo por parte de los mercados financieros (Williamson 2005), lo que puede convertir de la noche a la mañana, indicadores aparentemente estables y aceptables para los mercados, en señales de un colapso inminente. Es importante señalar que dicha tendencia se ve acentuada en periodos como el actual en el cual hay un importante incremento de los flujos de capitales a nivel mundial y que posteriormente a medida que se vaya revirtiendo el ciclo inevitablemente se irán corrigiendo los excesos incurridos en la fase del auge.

Composición Sectorial Deuda Externa México por Acreedor
En línea con todos los sucesos señalados anteriormente, también se han producido importantes cambios en la composición sectorial de la deuda externa de México por acreedor. Datos disponibles a partir de 1995, muestran como el financiamiento externo de México depende principalmente de fuentes privadas y por lo tanto condicionada por el comportamiento de los mercados internacionales de capital. Mientras que en el año de 1995 la deuda proveniente de fuentes privadas representaba el 67% de la deuda total, o 111 millardos de dólares, en el 2003 incremento su participación al 85% o 119 millardos de dólares (Tabla 5). Por otra parte el comportamiento a la baja durante el periodo señalado, del endeudamiento proveniente de fuentes publicas se ve explicado por el hecho de que partió de niveles inusualmente altos, consecuencia del paquete de ayuda que concedió el FMI a México en medio de la crisis del tequila por un monto de 50 mil millones de dólares (Ros 2000).

Si vamos ahora a la composición por tipo de flujo de deuda privado, es posible ver un comportamiento un tanto diferente al de la tendencia a nivel mundial. Mientras que la tendencia es a una mayor participación de los bonos en los flujos totales de capital hacia los mercados emergentes, en México tenemos que entre 1995 y el 2003, los prestamos bancarios y los bonos han aportado cifras similares, al aportar 97 y 95 millardos de dólares respectivamente, a lo largo del periodo (Tabla 6). Aun así, es de esperar que a consecuencia del desarrollo de capitales en México y de la introducción de las CAC (Collective Action Clauses) en todas las nuevas emisiones de bonos gubernamentales a partir del 2003, lleven en el futuro a una mayor participación de los bonos en los flujos totales de capital hacia el país, lo que no necesariamente sea algo bueno, dado el mayor grado de volatilidad que presentan los bonos con respecto a los prestamos bancario, en el sentido que en tiempos de crisis es mas fácil deshacerse de un bono en un mercado secundario, que intentar deshacerse de un prestamos, por lo que los primeros tienen la potencialidad de impactar de forma muy rápida y negativa la capacidad de financiamiento de cualquier agente en la economía.

La Inversión Extranjera
Un análisis de las cifras muestra que la inversión extranjera, tanto la IED como la inversión en cartera, han jugado el papel central en materia de financiamiento externo en el caso mexicano, al aportar a lo largo del periodo 1990 - 2004, 278 millardos de dólares. De esta cifra el 61% consistió en IED y el otro 39% inversión en cartera (Tabla 7). Es clave resaltar el hecho que el comportamiento de la inversión extranjera en su conjunto ha mostrado un comportamiento sumamente volátil a lo largo del periodo, así mientras que entre 1990 y 1994 la inversión en cartera represento el 72% de todos los flujos de inversión que entraron al país, en el periodo posterior registra una gran caída y ha permanecido estancada en gran parte desde ese entonces. Este comportamiento se explica por el hecho que el crecimiento de los flujos de inversión de cartera a principios de los noventa, de carácter eminentemente especulativo como quedo demostrado con su rápida salida del país en el contexto de la crisis de 1994, se dio a consecuencia del proceso de liberalización financiera. Así en el periodo posterior a la crisis los flujos de inversión en cartera solamente han representado el 20% de los flujos de inversión totales. Destaca especialmente el crecimiento de la inversión en cartera en los últimos 2 años, empujada principalmente por la colocación de valores en el exterior por parte del sector privado en un monto cercano a los 8 mil millones de dólares, una señal mas de las dificultades que están encontrando las empresas para obtener financiamiento dentro del país y lo cual las empuja a buscar dinero en el exterior.

En lo que respecta a la IED, un tema sumamente polémico, tenemos un comportamiento sui generis que ha sido condicionado entre otros factores por la cercanía geográfica a los Estados Unidos, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el aumento de la competencia de las empresas transnacionales y el traslado por parte de las mismas de las fases intensivas de mano de obra del proceso productivo a países con bajos costos laborales (Ibarra 2004). Dicho esto tenemos que la IED represento como promedio durante el periodo, un flujo anual de 11 mil millones de dólares, cifra considerable, pero que como siempre sucede en la economía con los datos muy generales, debe ser tratada con cautela.

Al descomponer los flujos de IED a partir de 1994 en sus diferentes partes, se obtiene una visión un poco menos optimista, ya que del total del los flujos recibidos, solo el 56% fue destinado a la creación de nueva capacidad productiva, un 17% fue reinversión de las utilidades por parte de la empresas extranjeras, y por ende no puede ser considerada como una fuente de nuevos recursos, y el 13% fue importación de activos fijos destinado a la industria maquiladora, cuyos defectos desde el punto de vista de falta vínculos con la economía nacional han sido harto señalados (CEPAL 1999) (Tabla 9).

Otra cara de este fenómeno la obtenemos analizando los datos suministrados por la UNCTAD en su reporte anual sobre la inversión, en lo que respecta a la participación de las actividades de fusión y adquisición dentro de los flujos de IED. En el caso de México, si toma como año de partida 1990, se obtiene que el 30% de los flujos que han entrado al país durante este periodo se encuentran en este tipo de modalidad de inversión que consiste en el cambio de propiedad de activos ya presentes en la economía declarante. Aun así es importante señalar que si bien un 30% de la inversión destinada a fusiones y adquisiciones puede parecer una cifra alta, comparada con las cifras de otros países de la región, podría afirmarse que México se ha visto privilegiada, ya que la participación de esta modalidad de IED llega al 50% en Brasil y al 75% en Argentina. La diferencia en el comportamiento de la IED entre estos países radica principalmente en las diferencias en las estrategias de las corporaciones multinacionales que actúan en estos países, ya que mientras en el caso de Brasil y Argentina se han concentrado principalmente en la compra de activos privatizados o búsqueda de aumentos de participación en mercados con potencial de rápido crecimiento, en México se ha presentado un patrón ligeramente diferente en el cual la IED se ha concentrado en sectores que se especializan en el ensamblaje de bienes semi terminados para su posterior exportación (UNCTAD 2003).

Prosiguiendo con el análisis de estas cifras llama la atención ver como para los últimos 4 años ha aumentado la participación de las privatizaciones y adquisiciones, llegando al 40% del total, en un contexto de reducción de los flujos de IED al país, magnificando por ende su importancia como fuente de recursos al país (Tabla 8). Este tipo de comportamiento de mantenerse en el tiempo, puede representar problemas al país en el mediano y largo plazo, dada la características de este tipo de inversión, en el sentido que la fusión y adquisición es un proceso finito en la medida en que los activos disponibles para realizar dicha actividad se vayan reduciendo a lo largo del tiempo (UNCTAD 1999). Dado el bajo nivel de participación de esta modalidad de IED en los montos totales, es posible inferir que dicho limite aun no se encuentra cerca, pero si permite plantear serias interrogantes en lo concerniente a la sostenibilidad de los niveles actuales de IED que de hecho ya muestran una tendencia descendente.

Para continuar el análisis debemos pasar a una descomposición sectorial de los flujos de IED, lo cual ratifica algunos de los puntos señalados anteriormente. En el grafico 3 vemos como la industria manufacturera ocupa el primer lugar con un 50% de los flujos de inversión que han entrado al país en el periodo 1994-2005, seguido por los servicios financieros con el 23% y el comercio en un 11% (Grafico 3). Esta distribución sectorial permite dibujar un esquema de las estrategias de inversión de las corporaciones transnacionales en México, que siguen a grandes rasgos dos tendencias principales: la primera es la integración del país en las cadenas de producción de productos con destino al mercado norteamericano, el caso de la industria automotriz, la electrónica y el sector textil, y la segunda el acceso al mercado nacional en renglones con un amplio potencial de crecimiento, como por ejemplo el comercio minorista, las telecomunicaciones y los servicios financieros (CEPAL 1999).

Sin embargo, y a pesar de la gran participación del sector manufacturero en los flujos de inversión, la IED no ha traído consigo todos los beneficios que sus defensores a ultranza argumentan. Si se va a un análisis del conjunto de la inversión que se encuentra dentro de la primera de las estrategias señalada anteriormente de las transnacionales, tenemos que si bien se han logrado avances en lo que respecta a promoción y crecimiento de las exportaciones junto al aumento de la participación de bienes con un mayor grado de complejidad tecnológica dentro de las mismas esto ha sido a costa de crear enclaves dentro de la economía nacional, que en vez de integrarse al sistema productivo nacional lo han sustituido en gran parte, altamente dependientes de insumos importados, con pocos incentivos para lograr mayores niveles de desarrollo tecnológico y que colocan al país en una situación de dependencia por un lado frente a las transnacionales, al carecer a excepción de mano de obra barata de cualquier otro elemento de competitividad y por el otro de los Estados Unidos como principal socio comercial. En este sentido en el reporte anual de la UNCTAD del 2002, se señala muy claramente el riesgo que pende sobre países que como en el caso de México, han quedado estancados en la primera fase del proceso de apertura al ser incapaces de embarcarse en un proceso de diversificación de exportaciones hacia los renglones mas dinámicos del comercio mundial, esto es productos con un alto contenido tecnológico, al mismo tiempo que se incrementa el valor agregado de las mismas. En la medida que mas países con grandes cantidades de mano de obra desempleada, comiencen a entrar en renglones del comercio mundial de bajo contenido tecnológico, los países que hayan quedado estancados en el proceso de desarrollo tecnológico inevitablemente sentirán la presión en la forma de términos de intercambio decrecientes lo que dificultara aun mas la tarea inicial de diversificación exportadora.

En el caso del conjunto de la inversión concentrada bajo la segunda de las estrategias de las transnacionales que operan en el país el primer problema esta relacionado con el impacto a largo plazo en la balanza de pagos de estas inversiones, al estar concentradas principalmente en sectores de bienes no transables y requerir de grandes cantidades de importaciones, en el caso por ejemplo del sector de las comunicaciones, tienen un impacto negativo en la cuenta corriente y por ende aumentan las necesidades de financiamiento externo. El segundo problema tiene que ver con la participación, por no decir dominio absoluto, de compañías extranjeras en sectores claves de la economía como el financiero y las comunicaciones. La importancia del tema radica en que no es casualidad que un sistema financiero controlado en su totalidad por consorcios extranjeros no le preste a la pequeña y mediana empresa en México, a pesar de la gran importancia que esta tiene para la generación de empleo dentro del país y solo financie las actividades de las grandes compañías, al mismo tiempo que se dedica a invertir los ahorros de los mexicanos en bonos de deuda del gobierno.

Pasando al estudio del país de origen de las inversiones realizadas en México a partir de 1994, existe un absoluto dominio de las inversiones norteamericanas en el país, con un 62% de los flujos totales de inversión, o 97 mil millones dólares. En un segundo y alejado lugar, se encuentra España con el 9,4%, equivalente a 15 mil millones de dólares y Holanda ocupa el tercer lugar con una participación del 7,6% equivalente a 12 mil millones (Grafico 4). Mientras que en los casos de Holanda y España el grueso de las inversiones se han concentrado en el sector financiero, la gran participación de los Estados Unidos en los flujos de inversión esta íntimamente relacionada con las estrategias de las corporaciones transnacionales norteamericanas, las cuales han venido tejiendo un entramado de interdependencia entre ambas economías, aprovechando las facilidades que brinda el TLCAN en términos de acceso a mercados. En Ibarra (2004) se resalta el hecho que la inversión de origen norteamericano además de ser la mas voluminosa también es la que mas se ha concentrado en la producción para el mercado interno, así cerca del 60% de los la inversión de este país ha tenido como destino la producción de bienes no transables.

Balance y Perspectivas
15 años de apertura y liberalización han dejado a la economía mexicana con dos elementos claves que van a ser decisivos en el futuro. El primero de estos elementos es un sistema financiero controlado por consorcios extranjeros, que no presta al sector productivo nacional y que por el contrario invierte en bonos de deuda del gobierno. El segundo es un sector exportador, receptor de grandes montos de IED, con pocos vínculos en materia de valor agregado a la economía, con una gran dependencia de insumos del extranjero y por ende un bajo efecto en términos de exportaciones netas.
Así el reto consiste en primer lugar en una reestructuración del sistema financiero interno con el objetivo que de aumentar el financiamiento interno como un medio para detener el insostenible ritmo de crecimiento del sector privado que puede representar una seria amenaza en los próximos años teniendo en cuenta el aumento de los costos de financiamiento internacionales. Y en segundo lugar se encuentra la aplicación de políticas que busquen crear nexos entre los enclaves exportadores y el resto de la economía, a través del fomento al desarrollo tecnológico y aumento de la competitividad de la industria nacional, con el objetivo de reemplazar insumos provenientes del extranjero, liberando así recursos de financiamiento externo para aumentar los niveles de acumulación de capital, y con ello de crecimiento económico.

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