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Eduardo Lucita

G-20: ¿Se puede salir de la crisis por el mismo camino que llevo a ella?


por Eduardo Lucita

11 de abril de 2009

El grupo de la 20 naciones más poderosas del mundo -sería bueno conocer los fundamentos de porque están entre ellas Argentina y Chile- creado en 1999 apenas como un foro de debate, fue convocado de urgencia ante la evidencia de que la crisis mundial no sólo se profundiza sino que habría pegado un salto en calidad.

Del desacople al acople recesivo global

La crisis parece haber encontrado su propio curso y se realimenta asímisma: del sector financiero pasó a la llamada economía real, pero ante la caída de las ganancias empresarias ha rebotado nuevamente en el sector financiero y hay temores a una oleada de quebrantos bancarios en Europa.

Esta aceleración del deterioro de la economía mundial no ha encontrado hasta ahora respuestas acertadas ni globales por parte de los países que lideran la economía mundial. Por el contrario hay muestras de desorientación e impotencia, intervenciones a destiempo, correr detrás de los acontecimientos y llegar tarde.

Así los planes de estímulo y salvataje -que en los EEUU han llevado el déficit presupuestario a nada menos que el 12 por ciento de su PBI mientras que en Francia es ya del 5 por ciento, haciendo saltar por el aire los acuerdos de Maastrich- no alcanzaron hasta ahora a detener la caída del PBI mundial mientras se verifica una fuerte caída del comercio internacional. Por otra parte en Europa la crisis se ha extendido al Este, varios de estos países están en bancarrota y amenazan arrastrar a los bancos de la UE, principales financistas de su ingreso con bombos y platillos a la UE.

La Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE) ha estimado que en 2009 la producción mundial caerá un 2.7 por ciento, pero cuando analiza países como EEUU, Alemania, Japón o los de la zona euro su estimación es que la contracción será entre el 4 y el 7 por ciento. Mientras la China hace enormes esfuerzos para que su tasa de crecimiento no baje del 7 por ciento.

Hay evidentes muestras de preocupación ante la posibilidad de que la economía marche a una depresión generalizada. Son estas las razones por las que el G-20 fue convocado

El G-20 no cayó en un manto de rosas

La búsqueda de una salida que evite la quiebra de la economía mundial se da en el marco de fuertes disputas y cada vez son mayores las dificultades para consensuar una salida global. EEUU e Inglaterra presionan a los países que tienen superávit (Alemania, Japón, China, los petroleros) para que incrementen su nivel de gasto y estimular la demanda mundial. Los europeos se resisten a esos incrementos, tienen temor a una emisión descontrolada y al recrudecimiento de la inflación (estanflación), para ellos está en juego la existencia misma de la UE y del euro como moneda única. A su vez crecen las contradicciones al interior del bloque de la zona euro. Mientras que China reclama un dólar estable, y presiona, junto con Brasil, por una nueva moneda que reemplace al dólar como reserva de valor, en paralelo hace acuerdos financieros con los países del ASEAN, con Argentina y Brasil para que sus transacciones se independicen de la moneda estadounidense.

Estas contradicciones fueron el telón de fondo de la reunión del G-20 que en los días previos se la suponía “un nuevo Bretton Woods”, en el sentido que como a aquel se le imponía la misión de establecer los mecanismos para organizar una salida ordenada de la crisis y, en términos políticos, garantizar la organicidad del sistema y su gobernabilidad.

Sin embargo el saldo de esta reunión de los grandes del mundo poco y nada puede compararse con aquella. En 1944, aún con el mundo todavía en guerra, se establecieron mecanismo y regulaciones, se crearon instituciones como el FMI o el BM destinados a estabilizar el sistema. Claro que con el correr de los años estas instituciones fueron mutando hasta convertirse en instrumentos serviles de la política de los EEUU.

Avanzando para atrás

¿Que es lo que acordó el G-20 la semana pasada? Inyectar una enorme cantidad de dinero al FMI, triplicando su capacidad prestable y autorizar un incremento sustancial de la emisión de sus Derechos Especiales de Giro (DEG), al mismo tiempo capitalizar al BM y al BID. Se supone que buena parte de esa enorme masa monetaria estará destinada a conjurar la crisis en los países del Este y que una pequeña porción irá a los llamados emergentes, que deberán financiarse con sus reservas o bien con un nuevo ciclo de endeudamientos con el fondo.

Al mismo tiempo llamó a destrabar la Ronda de Doha y reflotar la OMC para tratar de evitar que el comercio mundial siga cayendo y frenar el proteccionismo creciente. Se sancionó discursivamente a los paraísos fiscales buscando blanquearlos, pero no se logró imponer un control trasnacional de las finanzas. La esperada reforma del Fondo, que respondiera a la nueva configuración del poder mundial con un mayor peso en las decisiones de China, India y Brasil fue postergada y el organismo seguirá imponiendo condiciones para otorgar préstamos.

El unilatelarismo de los últimos años, que llevó a los EEUU a la categoría de un hegemón, ha saltado por los aires y el poder se va diseminando hacia un esquema multipolar. Nadie duda de la hegemonía económica y militar de los EEUU, pero tampoco de que su liderazgo se ha debilitado. Los resultados del G-20 no parecieran registrarlo: decretó el fin del Consenso de Washington pero colocó en el centro de las decisiones al FMI y su orden de prioridades tiene un fuerte tufillo a neoliberalismo.

Así los líderes del mundo avanzaron por donde venían. Previsor el presidente Obama sentenció “no hay garantías” de que este plan resulte eficiente.


Eduardo Lucita es integrante del colectivo Economistas de Izquierda (EDI), de Argentina.


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