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Alberto Acosta

Origen, evolución y alternativas

La deuda externa de América Latina


por Alberto Acosta

21 de mayo de 2003

Hasta hace poco, en muchos países de América Latina se creía firmemente que el problema de la deuda externa había sido resuelto. Si bien la deuda no había desaparecido, al menos había pasado a un segundo plano. Y dentro de este espíritu optimista se hablaba incluso del fin de la crisis económica, en la medida que la región, entre 1990 a 1994, experimentó una expansión de sus economías y una reducción de la inflación, en medio de un extraordinario reflujo de capitales.

Uno de sus principales argumentos para sostener que se había producido un distencionamiento en el problema de la deuda, fue exactamente la reversión del flujo de recursos financieros. Desde 1990, durante cuatro años consecutivos la región, que había sido exportadora neta de dólares en los años ochenta, registró un considerable ingreso neto de capitales. De esta manera, la CEPAL, ya en 1992, se apresuró a anticipar que "de continuar y generalizarse esta tendencia entre los países de la región, se superaría un elemento central de la crisis de la deuda: el paralizante peso de las transferencias netas negativas y su efecto adverso sobre el desarrollo regional".

Por otro lado, la regularización del servicio de la deuda en casi todos los países de la región sirvió para ratificar esta apreciación. A partir de 1992, la mayoría de países en mora comenzó a encontrar formas para regularizar el servicio de su deuda y con ello se revirtió el proceso de amplia acumulación de atrasos. Esta situación se consolidó, en especial, a partir de las renegociaciones logradas en el marco del Plan Brady. La CEPAL esgrimía como otro elemento probatorio de la tesis central, de que habíamos llegado al fin de la crisis de la deuda, el hecho de que desde principios de la década de los noventa siguieron atenuándose progresivamente los indicadores del peso de la deuda.

El mensaje resultante fue claro: la crisis de la deuda no es irresoluble, es más, hay una solución técnica al problema, en especial con la utilización de los mecanismos planteados por el Plan Brady u otras opciones complementarias. Con esto también cobró fuerza la viabilidad de los ajustes ortodoxos orientados a lograr la apertura y la liberalización a ultranza: el gran objetivo del neoliberalismo real. Así las cosas, no faltaron quienes avizoraban para América Latina una situación interesante en términos de sus perspectivas económicas. Y todos estos elementos se transformaron en bienvenido argumento para los países industrializados y los organismos multilaterales, que deseaban dar por concluido el capítulo de la deuda externa, sobre todo por su elevado contenido político.

Este entusiasmo sufrió en 1995 un primer remezón con la crisis mexicana y sus secuelas, conocidas como el "efecto tequila". Por otro lado la proporción aún elevada del servicio de la deuda, la concentración del reflujo de capitales en pocos países, por no mencionar las tasas de crecimiento sumamente modestas que se mantenían en la mayoría de economías de la región, parecían indicar que no era prudente precipitarse a sacar conclusiones sobre esta cuestión. Sin embargo, superado el susto del "efecto tequila", la "normalidad" retornó a la economía latinoamericana. Esta situación, no obstante, duraría poco.

Desde mediados de 1997 comenzaron a llegar noticias fragmentadas de una crisis lejana, inentendible. En el sudeste asiático, aquellos países utilizados repetidamente como modelo para el desarrollo de América Latina entraron en una franca descomposición financiera. Japón, uno de los colosos de la economía mundial, no lograba reactivar su economía desde principios de la década y tampoco encontraba respuesta a la crisis regional. El susto fue mayúsculo cuando Rusia cayó sorpresivamente en una acelerada espiral recesiva y los temblores financieros empezaron a sacudir a economías aparentemente sólidas como la brasileña, argentina, peruana, colombiana, chilena... Y más aún cuando se empezó a hablar abiertamente de una depresión global. Sólo entonces América Latina parece haber cobrado conciencia de su actual situación, con un resurgimiento de sus viejos problemas, entre ellos la deuda externa...

Alberto Acosta
Ecuatoriano. Economista, Universidad de Colonia, Alemania. Consultor internacional y del ILDIS-FES (Ecuador). Profesor visitante de las Universidad de Cuenca y de la Universidad de Guayaquil. Asesor de organizaciones indígenas y sociales. Editorialista del Diario Hoy, Quito. Autor de varias publicaciones.

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