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Eric Toussaint- CADTM

Los países en desarrollo rebasan las cotas de alerta de la deuda pública interna


por Eric Toussaint- CADTM

9 de septiembre de 2008

La deuda pública interna de los Países en desarrollo (PED) ha crecido mucho desde la segunda mitad de los años 90. Dicho aumento es especialmente fuerte y preocupante en un gran número de países de rentas medias. Aunque a algunos países muy pobres todavía no les ha afectado este fenómeno, la tendencia se dirige claramente a la subida de la deuda interna de los PED. El coste es enorme.

Según el Banco Mundial, la deuda interna pública del conjunto de los PED pasó de 1,3 billones de dólares en 1997 a 3,5 billones de dólares en septiembre de 2005 [1]
, es decir, 2,5 veces la deuda pública externa, que se elevaba a 1,415 billones de dólares en 2005. Además, el reembolso de la deuda pública interna en 2007, representaba alrededor del triple del de la deuda pública externa, es decir, 600.000 millones de dólares. Por lo tanto, el pago de la deuda pública total (externa e interna) sobrepasa la suma astronómica de 800.000 millones de dólares reembolsados cada año por los poderes públicos de los PED.

Ahora bien, bastarían 80.000 millones de dólares al año durante 10 años, es decir, 800.000 millones de dólares en total, para asegurar a la totalidad de la población los servicios sociales esenciales, como el acceso a los cuidados sanitarios básicos, al agua potable y a la educación primaria [2]
. Sería un progreso fundamental para una gran mayoría de los habitantes de la tierra.

Deuda pública de Colombia: una bomba retardada

Tomemos un ejemplo concreto. Colombia, que padeció como los demás países de América Latina la crisis de la deuda de los años 80, después se «benefició» de una masiva y efímera entrada de capitales a principios de los 90. El modelo neoliberal pareció triunfar de 1991 a 1994 mientras que, en realidad, llevó a Colombia a un callejón sin salida: la «financiarización» y el «sobreendeudamiento» público. La deuda pública interna ha crecido fuertemente.

El peso de la deuda pública interna en el PIB de Colombia se ha multiplicado por 15 entre 1990 y 2006, mientras que el de la deuda pública externa también creció, pero en una proporción claramente inferior (se multiplicó por 1,5).

El mismo tipo de política se aplicó en Brasil, Argentina y México. En todas partes, en los países en desarrollo, asistimos a un aumento muy importante de la deuda pública, principalmente en forma de deuda interna. Las cifras publicadas en abril de 2005 por el Banco Mundial hablan por sí mismas [3]
. Si tomamos todos los países en desarrollo en conjunto, la deuda pública, interna y externa, que representaba el 46% del PIB en 1990, ha aumentado hasta el 60% del PIB global en 2003. De hecho, la deuda pública externa en el porcentaje del PIB disminuyó un poco entre 1990 y 2003, pasando del 31% al 26%. En cambio, el peso de la deuda interna pública se multiplicó por 2, pasando del 15% al 34% del PIB.

Las crisis financieras que afectaron a los países en desarrollo entre 1994 y 2002 como consecuencia de la desregulación de los mercados de capitales y del sector financiero privado recomendada por el Banco Mundial y el FMI, han desembocado en un fuerte aumento de la deuda interna. En resumen, la aplicación del consenso de Washington ha llevado a los gobiernos de los PED a renunciar al control de los cambios y movimientos de capitales. Lo que se añade a la desregulación del sector bancario en los diferentes países. Se empujó a los bancos privados a asumir cada vez más riesgos, lo que desembocó en numerosas crisis, empezando por la de 1994 en México. Los capitales salieron de México en masa, lo que originó, especialmente, quiebras bancarias en cadena. El gobierno mexicano, apoyado por el Banco Mundial y el FMI, transformó la deuda privada de los bancos en deuda pública interna. Eso pasó exactamente de la misma forma en países tan distintos como Indonesia, en 1998, o Ecuador, en 1999-2000.

Por otra parte, incluso en los países que se salvaron del hundimiento del sector bancario, el Banco Mundial recomendó a los gobiernos de los PED que recurrieran cada vez más al endeudamiento público interno. Sin que se le cayera la cara de vergüenza, el Banco Mundial proclamó que esta evolución era positiva y recomendaba a los inversores extranjeros que invirtieran en el mercado de la deuda interna (llamada también doméstica), en plena expansión. El Banco recomendaba a los gobiernos de los países endeudados que favorecieran el rescate de los bancos locales por los grandes bancos extranjeros, un proceso ya bastante avanzado en América Latina. Los grandes bancos españoles, sólidamente introducidos en el sector bancario de América del sur, y los bancos estadounidenses que dominaban el sector bancario en México [4]
. El Banco Mundial apoyaba también el proceso de privatización de los sistemas de jubilación y favorecía la utilización de los ahorros de los trabajadores (sus futuras jubilaciones) para comprar bonos de la deuda pública interna. Los gobiernos de Brasil, Chile y Argentina han aplicado esta política de privatización parcial de los sistemas de jubilación y los fondos de pensiones se han convertido en importantes compradores de bonos de la deuda interna.

Esta evolución no sólo afecta a América Latina. Asia es el continente donde la deuda pública interna ha aumentado más en los últimos años, especialmente como consecuencia de la crisis del sureste asiático de 1997-98 y de las políticas que impusieron el Banco Mundial y el FMI.
En lugar de ser utilizado (sea por poderes públicos o agentes privados) para la inversión productiva, el ahorro que esta depositado en el sector bancario se desvía sistemáticamente hacia un comportamiento de renta parasitaria. Los bancos prestan dinero a los poderes públicos que éstos deberán reembolsar con intereses enormes, que rondan la usura. Efectivamente, para los bancos es menos arriesgado prestar al Estado que conceder créditos a pequeños o medianos productores. Un Estado casi nunca dejará de pagar en lo que concierne a la deuda interna. Además, los bancos centrales de los PED, apoyados por el Banco Mundial, a menudo aplican los tipos de interés más altos. Eso desemboca en el comportamiento siguiente: los bancos locales piden préstamos en los mercados financieros extranjeros (Estados Unidos, Japón, Europa) a corto plazo y a tipos de interés bastante bajos y prestan ese dinero en sus países a largo plazo con altos tipos de interés. Así consiguen jugosos beneficios hasta que los tipos de interés vuelven a subir mucho en los países del norte, lo que puede entonces originar su quiebra. Con el riesgo de que el Estado tenga que asumir, una vez más, sus deudas privadas aumentando en otro tanto la deuda pública interna. Así se origina el círculo vicioso de la deuda pública interna que completa el de la deuda pública externa.

Brasil: La deuda pública interna creció un 40% en dos años.

Brasil es un caso emblemático. Su deuda pública interna es 8 veces mayor que la externa. En 2008, la deuda pública interna alcanza la cifra astronómica de 869.000 millones de dólares, es decir, 1,4 billones de reales [5]
, con un incremento del 40% en apenas dos años. El reembolso de la deuda interna brasileña es 12 veces mayor que el de la deuda externa. La parte del presupuesto del Estado brasileño destinada al reembolso de la deuda pública interna y externa es cuatro veces superior a la suma de los gastos en educación y sanidad [6]
. En Guatemala, la deuda pública interna es cuatro veces más que la deuda externa.

Fuerte subida de la deuda pública interna argentina.

En Argentina, mientras que el gobierno consiguió en 2005 una reducción de la deuda pública externa gracias a tres años de suspensión de los reembolsos a los acreedores privados, la deuda pública interna creció. Al final, la deuda pública argentina retomó su ascenso [7].

En China, la acumulación de reservas de cambio desemboca en la subida de la deuda pública interna.

Otro fenómeno que provoca el aumento de la deuda pública interna es la acumulación de grandes reservas de cambio por los países en desarrollo exportadores de petróleo, gas, minerales y ciertos productos agrícolas cuyos precios están al alza desde 2004. El fenómeno también afecta a China, que acumula una gran cantidad de reservas de cambio gracias a que inunda el mercado mundial de productos manufacturados, lo que le proporciona un superávit comercial permanente. Los bancos centrales de esos países colocan una gran parte de sus reservas en forma de bonos del Tesoro de Estados Unidos (o bonos de otros Tesoros, especialmente europeos), es decir, que prestan dinero al gobierno de Estados Unidos para paliar sus enormes déficits.
Paradójicamente, mientras que ciertos PED rebosan liquidez, esta política, generalmente, exige como contrapartida nuevos endeudamientos. Por sorprendente y absurdo que parezca, mientras las reservas en divisas se colocan, en parte, en bonos del Tesoro de países industrializados, lo que recomiendan, por otra parte, el Banco Mundial y el FMI, los poderes públicos piden préstamos para reembolsar la deuda pública. En todos los casos, la remuneración de las reservas colocadas en bonos de los Tesoros extranjeros es inferior al interés que pagan por los emprestitos. Así, una parte va para el Tesoro del país correspondiente.

Además, la existencia de un importe excesivo de divisas extranjeras en el país, a menudo induce al banco central al endeudamiento. En efecto, las entradas masivas de capitales extranjeros en forma de divisas se encuentran en manos de agentes residentes que las cambian en sus bancos por la moneda nacional, cuyo aumento es potencialmente fuente de inflación. Para evitar esto, las autoridades monetarias se ven obligados a aplicar operaciones de «saneamiento» de dichas reservas, bien aumentando los índices de las reservas obligatorias ( reserve assets ) del sistema bancario (entonces la subida de los tipos de interés de los créditos bancarios encarece el crédito, lo que ralentiza la creación monetaria que representa un préstamo), o emitiendo títulos de la deuda pública (la venta previa de dichos títulos permite al banco central recuperar la moneda nacional que sale, por lo tanto, de la circulación monetaria) [8]
.

Una aplastante mayoría de los gobiernos da prioridad a esta política neoliberal y así asistimos a una subida de las deudas públicas internas como contrapeso de un alto nivel de las reservas de cambio [9]
. Esto ocurre tanto en China como en los países de América Latina, Asia y África.

Cambiar de rumbo

En vez de acumular montañas de reservas de cambio y aumentar, al mismo tiempo, su deuda pública interna, los gobiernos de los PED, harían mejor tomando las siguientes medidas:
1) Hacer una auditoría de la deuda pública interna y externa con el fin de anular las deudas ilegales.
2) Adoptar las medidas de control de los movimientos de capitales y cambios (eficaces para protegerse contra los ataques especulativos y para luchar contra la fuga de capitales).
3) Utilizar una parte importante de las reservas para la inversión productiva en la industria y la agricultura (reforma agraria y desarrollo de la soberanía alimentaria), en infraestructuras, protección del medio ambiente, renovación urbana (reformas urbanas y construcción o renovación de viviendas...), servicios sanitarios, de educación, cultura, investigación, seguridad social...
4) Poner en común una parte de las reservas de cambio para constituir uno o más organismos financieros comunes (Banco del Sur, Fondo Monetario del Sur).
5) Constituir un frente de los países endeudados para rechazar el pago de la deuda.
6) Fortalecer y constituir agrupaciones de países productores de productos básicos para estabilizar sus precios al alza.
7) Desarrollar acuerdos de trueque como los que se llevan a cabo entre Venezuela y Cuba [10]
ampliados posteriormente a Bolivia y Nicaragua.

notes:

[1World Bank, Global Development Finanzas 2006 , p. 44.

[2Cálculo realizado conjuntamente por las agencias especializadas de las Naciones Unidas, a saber: Banco Mundial, OMS, PNUD, UNESCO, UNFPA y UNICEF y publicado en Implementing the 20/20 Initiative. Achieving universal access to basic social services, 1998, www.unicef.org/ceecis/pub_implement2020_en.pdf . Los organismos mencionados estiman en 80.000 millones de dólares al año la suma suplementaria que hay que dedicar anualmente a los gastos relativos a los servicios sociales básicos, que ahora suponen alrededor de 136.000 millones de dólares. El importe anual total que se debe garantizar oscila entre 206.000 y 216.000 millones de dólares.

[3Wolrd Bank, Global Development Finance 2005, Washington DC, Abril 2005, p.70.

[4Banco Mundial, Global Development Finance, 2008 . Capítulo 3.

[51 dólar estadounidense = 1,61 reales brasileños a 10 de agosto de 2008.

[6Rodrigo Vieira de Ávila, «Brésil: La dette publique est toujours bien là», www.cadtm.org/spip.php?article3155 , www.cadtm.org/imprimer.php3?id_article=3605

[7Si añadimos que el gobierno en el año 2005, erróneamente, se comprometió, a cambio de la reducción de la deuda externa, a aumentar los intereses pagados en función de la inflación y del crecimiento del PIB, la situación de Argentina se está volviendo otra vez insostenible. Eduardo Lucita, «Otra vez la deuda argentina», www.cadtm.org/spip.php?article3517 .

[8Para una explicación de este tipo de operación, ver Eric Toussaint, Banque du Sud et nouvelle crise internationale, CADTM-Syllepse, 2008, capítulo 1.

[9Banco Mundial, Global Development Finance 2006, p. 154.

[10ALBA, acuerdo firmado conjuntamente por Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua que funciona, en parte, en forma de trueque: por ejemplo, 20.000 médicos cubanos prestan servicios sanitarios gratuitos a la población venezolana y han realizado 50.000 operaciones oftalmológicas sin gastos para los pacientes venezolanos, a cambio de petróleo.


Traducido por Caty R.
Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

Éric Toussaint, es Doctor en Ciencias Políticas, presidente del CADTM Bélgica, miembro de la Comisión presidencial de la auditoría integral de la deuda de Ecuador en 2007-2008, autor de: Banco del Sur y nueva crisis internacional (Abya-Yala, Quito, 2008; El Viejo Topo, Barcelona, 2008), Banco mundial: El golpe de estado permanente (Abya-Yala, Quito, 2007; El Viejo Topo, Barcelona, 2007; CIM, Caracas, 2007), Las finanzas contra los pueblos (CLACSO, Buenos Aires, 2004) y coautor de numerosas obras. Su último libro, que aparecerá en 2009 es: 60 Cuestiones 60 Respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco mundial (Icaria, Barcelona, 2009) escrito en colaboración con Damien Millet.


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