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Martin Khor

Se calienta la batalla contra los fondos buitre


por Martin Khor

30 de septiembre de 2014

Muchos países que afrontan situaciones de endeudamiento cada vez más difíciles perciben la necesidad urgente de frenar a los fondos buitre y de establecer un mecanismo mundial de reestructuración de la deuda.

El rostro abominable de la deuda externa acecha de nuevo. La desaceleración económica mundial, la caída de los precios de los productos básicos y la disminución del turismo han provocado una reducción de los ingresos provenientes de las exportaciones y de las reservas de divisas en muchos países en desarrollo.

Ningún país quisiera tener que pedirle ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI) para evitar el impago pues esto traería consigo años de austeridad, elevados índices de desempleo, recortes en los gastos para el desarrollo social y a la postre, no solucionaría el problema.

No solo podría aumentar el volumen de la deuda, sino que podría haber bajo crecimiento, recesión e inestabilidad política y social. Muchos países africanos y latinoamericanos ya han hecho frente a estos problemas en el pasado y varios países europeos los enfrentan actualmente.

En vista de que el marco actual no permite llegar a una solución, algunos países optan por reestructurar sus deudas. Sin embargo, al no haber un sistema internacional para una renegociación ordenada de la deuda, los países deben emprender las negociaciones por su cuenta.

Los resultados suelen ser problemáticos, pues esto genera la desconfianza de los mercados y los países deben afrontar la ira de los acreedores, pero puede que los países prefieran tragarse esa píldora que afrontar años o decenios de inestabilidad económica y política interna.

Es el caso de la Argentina, cuya deuda pública llegó a ser de un 166% del producto interno bruto (PIB) en 2002. Tras muchos años de declive económico y de inestabilidad política y cuando fue evidente que la deuda no se podía pagar, el país cayó en suspensión de pagos en 2001.
En 2003 el presidente Néstor Kirchner comenzó a negociar una reestructuración de la deuda con sus acreedores. La Argentina efectuó operaciones de conversión de la deuda en 2005 y en 2010 y reestructuró su deuda con el 93% de sus acreedores, quienes aceptaron recibir cerca de un tercio de su valor.

En cambio un 7% de los acreedores, los acreedores inflexibles o holdouts, rechazaron participar en el proceso de reestructuración. Lo que es peor, algunos fondos de alto riesgo influyentes (que constituyen solo un 1% de los acreedores) que compraron parte de la deuda en el mercado secundario por un valor mucho menor, recurrieron a los tribunales de Nueva York (en donde fueron contraídos los préstamos originales) para intentar obtener la totalidad del valor.

Estos fondos, conocidos ahora popularmente como fondos buitre, se especializan en adquirir deuda de países altamente endeudados a precios con grandes descuentos (por ejemplo, un 10% del valor original del préstamo) en los mercados financieros y después insisten ante los tribunales en que se les debe cancelar el 100% de los títulos con intereses.

Como los buitres, sobrevuelan en círculos los cuerpos agonizantes o los cadáveres y luego bajan en picada y se abalanzan sobre ellos para darse un festín. Solo que en este caso los cuerpos son países; pedirles que expriman aún más sus secas economías para pagar a los fondos buitre es pedirles lo imposible.

Tras un largo proceso que terminó en el Tribunal Supremo, el poder judicial de los Estados Unidos decidió este año que a los fondos de alto riesgo que rechazaron los canjes y que llevaron el caso ante los tribunales, sí se les debe pagar la totalidad de la deuda y los intereses.

Peor aún, el fallo judicial decretó que la Argentina no podrá seguir pagando al 93% de los acreedores que aceptaron una fuerte quita si al mismo tiempo no salda la totalidad de la deuda con los fondos buitre. El juez de Nueva York basó su decisión en una cláusula de tratamiento igualitario entre acreedores.

La Argentina ya había acordado con un banco de Nueva York pagar los intereses al 93% hace algunas semanas, pero la decisión del Tribunal obligó al banco a rechazar el acuerdo.

Los fondos buitre quieren dejar a la Argentina en cueros. Se calcula que el fondo principal, NML Capital, obtendría un rendimiento de 1.600%.

La presidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se negó a doblegarse ante estos fondos. Si lo hace, el país tendría que pagarles también a todos los acreedores el valor total; es decir, 1.200 millones de dólares, lo cual es imposible.

Este giro imprevisto de los acontecimientos ha causado indignación entre los grupos de interés público y ha suscitado la ira de los gobiernos de los países en desarrollo. Durante la Cumbre Extraordinaria del Grupo de los 77 celebrada en junio en Bolivia, estos países criticaron los fondos buitre y pidieron la creación de un mecanismo adecuado de reestructuración de la deuda.
A los ministerios de Finanzas de los países desarrollados también les concierne esta cuestión. Después de todo, países como Grecia tuvieron que recurrir hace algunos años a una reestructuración de la deuda en la que los acreedores privados aceptaron una quita.

Aceptar la decisión del Tribunal es sentar un precedente que haría imposible para cualquier país reestructurar su deuda pues los fondos buitre atacarían con nuevos bríos y sobra decir, otros inversores imitarían el comportamiento de este tipo de fondos ya que es una forma fácil de ganar mucho dinero.

Martin Wolf, columnista del influyente Financial Times, ha apoyado a la Argentina en su lucha contra los fondos buitre e incluso llegó a decir que es injusto comparar a los acreedores inflexibles con buitres, pues los buitres de verdad al menos desempeñan una tarea valiosa.

A finales de agosto la International Capital Market Association, organización de banqueros e inversores con sede en Suiza, publicó nuevas normas destinadas a reducir la capacidad de los inversores que no aceptaron los canjes de comprometer la reestructuración de la deuda.

El 9 de septiembre, el Grupo de los 77, en representación de los países en desarrollo, logró promover una resolución en la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la que se reconoce que los esfuerzos de un Estado por reestructurar su deuda soberana no deben verse obstaculizados por los fondos de alto riesgo que buscan beneficiarse adquiriendo deuda de Estados altamente endeudados.

Con 124 votos a favor, 11 en contra y 41 abstenciones, la Asamblea General también decidió establecer un marco jurídico multilateral para los procesos de reestructuración de la deuda soberana para finales de 2014, a fin de aumentar la estabilidad del sistema financiero internacional.

La creación de un sistema internacional de reestructuración de la deuda soberana sería una solución sistémica, pues los países endeudados podrían recurrir a un tribunal o a un sistema internacional y no tendrían que llevar a cabo la reestructuración de la deuda por su cuenta.

Aunque los países en desarrollo en conjunto respaldaron la resolución, se viene encima una dura batalla para su aplicación, pues entre los países que se opusieron están los Estados Unidos, Alemania y el Reino Unido (países clave en las finanzas mundiales).

Otra resolución impulsada por la Argentina y otros países con el fin de crear marcos jurídicos para poner freno a las operaciones de los fondos buitre y para la reestructuraciónde la deuda soberana está en estudio en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

El hecho de que la cuestión de la deuda esté en el centro de los debates en las Naciones Unidas, órgano universal en el que los países en desarrollo tienen mayor voz en la toma de decisiones, es positivo.

Las negociaciones futuras para establecer un sistema mundial serán difíciles, pero bien valen la pena teniendo en cuenta que evitar y resolver las crisis de la deuda es una prioridad para un número cada vez mayor de países.

Martin Khor, director ejecutivo del Centro del Sur. Correo electrónico: director@southcentre.int


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