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Gabriel Strautman

Surfeando en la crisis


por Gabriel Strautman

6 de marzo de 2009

Como dicen por ahí, crisis es oportunidad. Esto significa que el caos y el desequilibrio causados por las dificultades, muchas veces, abren nuevas posibilidades y revelan otras opciones, hasta entonces escondidas. Para los movimientos sociales, organizaciones y partidos de izquierda, la actual crisis financiera mundial, considerada como la peor crisis desde la devastadora crisis de 1929, ofrece una excelente oportunidad para un profundo cuestionamiento sobre las contradicciones del sistema capitalista y sus actores, así como para la articulación de los procesos de resistencia a este sistema. Pero la máxima de que la crisis abre nuevas puertas es un arma de doble filo. Atentos a esta observación, líderes de los países que comandan el capitalismo a escala mundial están aprovechando la crisis para consolidar aún más las bases de este sistema, dando mayor poder a sus instituciones.

Los líderes de los países que integran el G-20, reunidos en Washington, Estados Unidos, en noviembre de 2008, señalaron la necesidad de reformar el sistema financiero internacional como salida a la crisis. Fueron discutidas propuestas como la conclusión de la Ronda de Doha de comercio internacional, mayor transparencia de las aplicaciones financieras y regulación del sistema, incluyendo las agencias de evaluación de crédito. Además de esto, se discutió una reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, buscando dar mayor peso a los países emergente, de forma de “reflejar los cambios en la economía mundial”.

Las cosas son como son

Sin embargo, antes de hablar de reformas, debemos reconocer que la estructura de la actual arquitectura financiera mundial refleja las asimetrías de poder existentes en las relaciones económicas internacionales. La ruleta en que se transformó la economía global en las últimas décadas posee un vicio de origen que hace que se privilegie sólo a los que ya son fuertes. Este vicio no puede ser corregido, a menos que sea transformado. Esto significa que las instituciones que vigilan por el bienestar del sistema, como las Instituciones Financieras Multilaterales (IFMs), son también las que mantienen este vicio y, por tanto, deben dejar de existir.

Creadas en la pos-guerra, en lo que se conoce como el Consenso de Bretton Woods, estas instituciones debían financiar el desarrollo - comenzando por la reconstrucción de los países europeos devastados por la guerra - y vigilar por el bienestar de la economía mundial, evitando, a través de la regulación y de la aplicación de política anti-cíclicas, los desequilibrios y las situaciones de crisis. Décadas más tarde, lo que se vio fue exactamente lo contrario. Las instituciones, que surgieron para proteger el sistema, estaban ahora contribuyendo decisivamente a profundizar sus contradicciones. A través del instrumento político del endeudamiento público, y al servicio de los países capitalistas del Norte, las Instituciones Financieras Multilaterales (IFMs) impusieron al mundo un conjunto de reformas liberalizadoras que crearon las bases jurídicas y económicas para la apertura de las economías y la transnacionalización del capital, aumentando el riesgo y la vulnerabilidad del sistema económico, cuando deberían actuar justamente para evitar las crisis.

Ley de acción y reacción

Las crisis son inherentes al sistema capitalista. La dimensión de la actual es una consecuencia directa del neoliberalismo y de sus instituciones. Durante los últimos veinte años, el intenso proceso de desmonte de los Estados llevó a la liberalización de los mercados y al fin del control de capitales, en favor de la ganancia y del lucro sin base en la producción. El desarrollo de una sofisticada tecnología de medios de comunicación, sumado a las privatizaciones y a las pesadas políticas de ajuste fiscales, permitió que cantidades cada vez mayores de recursos fuesen retirados de la esfera productiva de las economías para recorrer el planeta a través de los mercados financieros, en busca de la máxima valorización. Sofisticados productos financieros - como derivativos y títulos securitizados - fueron desarrollados para reducir los riesgos de estas inversiones especulativas. Sin embargo, la crisis actual terminó mostrando que “el tiró salió por la culata”, pues el frágil castillo de naipes del sistema financiero internacional se desmoronó.

Los mercados, que hundidos por la crisis no se preocuparon por generar contradicciones o negar sus propios dogmas, pidieron auxilio a los Estados, dejando claro que no se trata de desmontarlos, sino de privatizarlos cada vez más. Cantidades impresionantes de recursos fueron canalizados para el auxilio de bancos, mientras que los trabajadores y trabajadoras del mundo entero, aislados por la crisis alimentaria y climática, y por la aguda recesión, continúan abandonados a su propia suerte. Así, se habla de una reforma del sistema financiero y hasta de un nuevo “Bretón Woods”. Pero, ¿a quien servirá todo esto?

Deuda para allá y para acá

Haciendo valer la idea de que la crisis es oportunidad, a lo largo de los últimos meses, instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se apresuraron en anunciar que están prontos para conceder, de manera ágil y desburocratizada, préstamos para los países afectados. Frente a esto, el FMI, por ejemplo, acabar de rever la previsión para el cierre de sus cuentas de 2009: en lugar de un déficit de U$S 294 millones, la perspectiva ahora es que el período se cierre con una ganancia (renta líquida) de por lo menos U$S 11 millones, lo que podrá ser aun mayor en caso de que la crisis financiera se agrave. Luego, la salida señalada por estas instituciones para la crisis es un nuevo ciclo de endeudamiento de los países, es decir, el mismo remedio que en el pasado llevó a la reducción del papel de los Estados en la economía y la profundización del fundamentalismo de los mercados.

Parece que aun somos incapaces de enfrentar la causa real de las fallas del sistema capitalista: su propia lógica. ¿Somos incapaces o no queremos enfrentar esta discusión? Mantener intacto el actual sistema económico, orientado al proceso de mundialización de las finanzas, significa proteger los intereses de los que de él se benefician. En la actual coyuntura política y económica, hablar sólo de reformas y recuperación de la actividad económica como medio de superación de la crisis es inútil.

Es necesario ir más allá y cuestionar las bases del capitalismo y sus contradicciones, pues, si no hay lugar para todos y todas a la sombra del sistema capitalista, es nuestra responsabilidad ética imaginar y construir un nuevo sistema que elimine las diferencias, en lugar de aumentarlas.

Gabriel Strautman es economista y secretario ejecutivo de Rede Brasil sobre Instituciones Financieras Multilaterales - gabriel@rbrasil.org.br

Este artículo fue publicado originalmente en portugués en la revista Contra Corriente: "¿Quien gana con la destrucción de la Amazonia?", editada por Rede Brasil y presentada en ocasión del Foro Social Mundial de 2009.


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